Ryan Hedrich: El Corpus Joanino y el Canon

Dios siempre me sorprende de muchas maneras. Una de ellas es a través de mi hermano Ryan Hedrich, un joven con una mente punzante que ve cosas donde los demás no vemos nada, y saca a relucir el oro allí donde vemos niebla. No exagero. Aquí les presento una de las joyas que Dios nos ha dado a través del hermano Ryan que este servidor se dio el placer de traducir.

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En mi más reciente post, escribí lo siguiente:

‘Históricamente, creo que el Canon Protestante es la Palabra de Dios porque Dios me ha regenerado, y como regenerado escucho y me someto a la voz de mi Pastor.’

Un Católico Romano en Facebook me pidió que hiciera exégesis de los textos relevantes para que pudiera entender mejor mi posición. Puesto que aquí me referí a Juan 10 como apoyo a la aseveración de que la Escritura misma explica los medios por los que un Cristiano llega a aceptar el Canon de la Escritura – que es una afirmación que muchos ‘C’atólicos, a falta de municiones en contra de la Sola Scriptura, discuten que no es el caso – mi respuesta fue como sigue (editada):

‘El Corpus Joanino contiene los pasajes a los que me refiero. Creo haber mencionado Juan 10 en la conversación que hemos tenido; 1 Juan 4:4-6 es otro.

En Juan 10, Jesús  está hablando sobre la forma en que Él reúne a Sus ovejas. Si bien fácilmente podemos pasar a la Elección Incondicional o a la Gracia Irresistible por este camino, trataré de mantenerme en el tópico. Pareciera que la intención de Juan es explicar de manera más específica las afirmaciones de Jesús hechas en 8:42-47. Los Judíos que pertenecían al diablo (cp. Efesios 2:1-3) no podían creer en las palabras de Jesús – no poseían la capacidad – precisamente porque pertenecían al diablo; de manera equivalente, Jesús afirma que aquellos que no son de Dios no pueden “oír” Su Palabra. En concordancia con Romanos 8-10, el problema con los Judíos no estaba en sus oídos per se, sino en sus mentes, que estaban puestas en la carne (No-Regenerados). Llegamos a la fe al escuchar la Palabra de Dios, pero no aprovecha a nuestras almas escuchar la Palabra si no somos de Dios.

Bastante he dicho ya para establecer el porqué debo ser un regenerado para ‘escuchar y someterme a la voz de mi Pastor’.  Lo que falta es conectar esto con el porqué creo que históricamente (¡) el Canon Protestante es la Palabra existente de Dios.

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido [al espíritu del anticristo]; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.

1 Juan 4:4-6

No es de poca importancia que el contexto de esta afirmación esté rodeado de pasajes dedicados a expresar aquello que la Regeneración causa (comportamiento justo – 2:29; obediencia a la Ley de Dios – 3:9-26; conocer a Dios y vivir en amor – 4:7-16; fe, amor, obediencia y victoria sobre el mundo – 5:1-4; salvos del diablo y comportamiento sin pecado – 5:18) y que lo más relevante – conocer a Dios – se encuentre justo después del pasaje en cuestión. Para ser honesto, pienso que estos pasajes son más bien evidentes: “Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye” es obviamente una referencia a los Apóstoles. Conocemos a Dios porque Él nos regeneró, de manera que aquellos que Él ha regenerado escucharán a aquellos que Él ha enviado para ser Sus mensajeros de las Buenas Nuevas. Por otra parte, lo inverso es verdad, como lo hemos visto: “el que no es de Dios, no nos oye”. Esto es, solo los regenerados son capaces de someterse a las Palabras de Dios tal cual fueron transmitidas por Sus mensajeros: “En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error”. ¡Aquel que ha sido regenerado conoce y se somete a Dios, a Su Palabra y a Sus mensajeros, porque ese el propósito de la Regeneración (Romanos 8:7-9, 10:17 y 1 Pedro 1:3)! La Regeneración es la precondición para una esperanza viva, un pre-requisito para “oír” la Palabra de Dios y, de esta manera, venir a la fe. Pero nuestra fe no está vacía: su objeto son las proposiciones del Evangelio, que hace necesaria la idea de que podamos discernir cuál es el Evangelio (y por lo tanto, como Juan escribe, quienes son los portadores del Evangelio).

Finalmente, volviendo al Evangelio de Juan para unir los puntos (a pesar  de que considero el asunto resuelto):

De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Más el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Más al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.

Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

Juan 10:1-16

Brevemente:

1.- Jesús habla de reunir a Sus ovejas (¡que son consideradas como Sus ovejas antes de que entren en Él!).

2.- Dice que las ovejas escucharán solamente al Pastor. Pregunta: ¿cómo es que una oveja conoce la voz de Su Pastor (i.e. que efectivamente esa es Su voz, la medida de sus palabras)?

a) Las ovejas siguen al Pastor porque oyen Su voz (no puedo enfatizar esto lo suficiente, dada el desenfrenado existencialismo en la actual ‘Cristiandad’).

b) Las ovejas siguen a su pastor porque conocen a Su Pastor (paralelo a la exposición anterior sobre 1 Juan 4, garantizándole al regenerado que a los Apóstoles les fue dada la autoridad de obrar como los mediadores de las actuales palabras de nuestro Pastor).

3.- Las ovejas seguirán a su Pastor (este sometimiento se debe a la regeneradora ‘Gracia Irresistible’).

Jesús está siendo perfectamente claro. La oveja que Él está buscando reconocerá y seguirá Su voz debido a la naturaleza de la oveja y la voz del Pastor. Reconozco el Canon Protestante como la voz de mi Pastor  porque como una oveja regenerada soy capaz y estoy dispuesto a escuchar y someterme a Su Palabra, sea que haya sido o no comunicada eficientemente o a través de Sus profetas. No soy un Cristiano de letra roja; la aplicación de este pasaje se extiende más allá de las ‘propias’ palabras de Jesús a aquellos a quienes Dios envió a comunicar Su Palabra. Toda la Escritura es inspirada por Dios.

Y como si esto no fuera suficiente, Jesús tiene que reiterar Sus propias afirmaciones a los Judíos…de nuevo:

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Juan 10:26-28

Dado lo que acabamos de leer, estas palabras son un buen sumario del tópico. Aquellos que no creen no son ovejas (o si lo son, no han sido llamadas aún); aquellos que creen son ovejas regeneradas, i.e.  ovejas que el Pastor ha llamado efectivamente – ovejas que reconocen la voz de su Pastor porque Él las ha regenerado o ha hecho Suyas, les habla, y causa que le conozcan a Él y a Su Palabra por cualquier medio que ésta haya sido comunicada.

Quizás encuentres pertinentes los siguientes post cortos:

http://www.unapologetica.blogspot.com/2009/12/canon-of-scripture.html

http://www.unapologetica.blogspot.com/2010/01/doctrine-of-perspicuity.html

Nuevamente, por favor recuerda que esta discusión tiene el propósito de establecer la razón histórica de porqué acepto el Canon Protestante. Mientras lees nuestra discusión previa y los post en el muro [fuente borrada] et. al., sabrás que mi primer principio implica lo que el Canon es, por lo tanto no razono circularmente (i.e. no estoy afirmando que mi exégesis es una premisa para  mi primer principio, lo que significaría que mi primer principio ya no sería mi primer principio); más bien, ésta exégesis es suficiente para mostrar que mi sistema ‘epistemológico’ se justifica a sí mismo, o que yo no estoy armando un Canon arbitrario.’

Original AQUÍ

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Pueden visitar el blog del hermano Ryan en este link: http://www.unapologetica.blogspot.com/

Quiera Dios bendecirnos a través de este aporte, en el Nombre del Señor Jesucristo, amén.

Soli Deo Gloria

Planificación y Supralapsarianismo

Hay que dejar claramente establecido lo siguiente: el Supralapsarianismo concibe los decretos de Dios según su órden lógico, no histórico o cronológico. Desde este punto de vista, el orden de los decretos es visto como el plan de Dios para Su Creación, o la forma en que Él ha ordenado los medios para lograr Sus fines u objetivos, siendo el mayor de estos el glorificarse a Sí mismo en Cristo Jesús.

Como todo plan racional, lo primero que se tiene en vista son los fines, y luego vienen los medios para lograr los fines u objetivos en mente, y así consecutivamente. Dios, siendo un Ser racional y siendo Sus decretos el plan que Él ha concebido en la eternidad para Su Creación, no va a sustraerse de éste principio (que haya su orígen en Él), y Su plan va a demostrar racionalidad, coherencia y orden, teniendo los fines en mente y luego los medios para cumplirlos.

Encontramos apoyo para lo afirmado anteriormente en las palabras de Jesús mismo en Lucas 14:28-32. El pasaje dice lo siguiente:

Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.

Lucas 14:28-32

Por supuesto, el pasaje en contexto (vs. 25-33) se refiere a considerar lo que cuesta seguir a Cristo; sin embargo, esto no se aleja para nada de nuestro propósito sino todo lo contrario: lo apoya, como veremos más adelante.

El Señor nos habla en primer lugar de objetivos, fines: “Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre…¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey…“. Tanto la edificación de una torre como marchar a la guerra son los fines que se busca cumplir. Éstos están primero en el orden racional porque ¿Cómo vamos a considerar los medios sin tener los fines u objetivos en mente primero? Racionalmente hablando, considerar los medios sin tener un fin o propósito en mente vuelve tal consideración en un sin sentido. Por ejemplo, coges un vaso vacío, pero ¿Con qué fin? ¿Vas a llenarlo de leche u otro bebestible? ¿Vas a lavarlo o dejarlo en algún lugar específico? ¿Vas a lanzarlo y quebrarlo? Sin un fin específico, seguramente tal acción llevará a la confusión y, al ser conciente de tal confusión, de seguro te darás cuenta de que has hecho algo sin sentido, sin propósito. Por lo tanto, todo plan racional tendrá en mente en primer lugar los fines u objetivos a realizar.

Luego, el Señor llama la atención a considerar los medios para lograr o evaluar el fin u objetivo en mente: “…no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?…¿…no se sienta primero y considera si puede hacer frente…“. Para el Señor, un plan racional, luego de tener claros los fines que se quiere conseguir, pasará a considerar los medios con los que se cuenta para lograr tales fines. Por lo tanto, una vez que se tienen los fines en mente, logica y racionalmente siguen los medios. Si queremos beber leche, por ejemplo, debemos pensar en la forma o manera adecuada para llevarnos la leche a la boca; por lo tanto, pensamos en un vaso. El vaso es el medio, pero en el pensamiento, en la planificación, el vaso no va primero, sino el beber leche, y luego le sigue el vaso. Primero el fin, luego los medios. Todo plan racional seguirá este orden; por supuesto, en nuestro mundo caído y teniendo en mente las limitaciones propias de nuestra condición de criaturas, nuestros planes muchas veces no reflejarán este principio lógico, pero esto no lo invalida.

Nuestro Señor implícitamente considera algo necio el pensar en un objetivo sin considerar si se tienen los medios suficientes para lograrlo. Por eso invita a Sus discípulos a considerar el costo de seguirle. El fin, entonces, es seguir a Cristo, y el medio para hacerlo es renunciar a todo lo que se posee. El contexto, entonces, apoya la tésis principal; nuestro Señor también.

Entonces, mi argumento va como sigue, de menor a mayor: si es necedad para nosotros, que somos hechos a imágen y semejanza de Dios, el no planificar racionalmente, teniendo los fines u objetivos en primer lugar, y luego los medios ¿Cuánto más para Dios, siendo Él el mismísimo Logos, el orígen y fundamento de toda racionalidad? Sus decretos, entonces, reflejarán este principio de la planificación racional: los fines primero, luego los medios.

Teniendo lo anterior en mente, se nos hará mucho más fácil ordenar racionalmente los decretos de Dios. Primero, vienen los fines, luego los medios. Dios, siendo el principio y fundamento de toda racionalidad y coherencia, nos da ejemplo de aquello.

Dios les bendiga…

Respuesta a las ‘Diez Preguntas Para Hacerle a Su Pastor’ de la Página ‘Sin Dioses’

Existe en internet una página llamada ‘Sin Dioses’ que promueve de manera activa el Ateísmo y el Escepticismo. En ésta página se pueden encontrar variados artículos sobre el tema, especialmente dedicados a probar el Ateísmo y refutar el Teísmo desde variados flancos. Hay una sección en especial que llama mi atención, y es la sección llamada ‘Examinando las Religiones’, la que contiene varios artículos apologéticos del Ateísmo en contra de diferentes religiones. He revisado algunos de ellos y en Facebook les he dado breve respuesta, pero hay uno en especial que me dedicaré en responder, pues se supone que es un desafío lanzado a modo de preguntas sobre los Creyentes, específicamente Cristianos.

El artículo tiene como título ‘Diez Preguntas para Hacerle a Su Pastor’, y es una traducción de un artículo en ingles proveniente de otra página similar. El autor comienza exponiéndonos la pobre y desdichada posición de los aproblemados profesores de ciencia que, queriendo imponer el Evolucionismo como la posición por defecto sobre los niños, tienen que aguantar a algunos ‘estudiantes religiosos que han sido programados por sus padres e iglesias para rechazar la evolución y cualquier otra rama de la ciencia que incomoda sus sagradas supersticiones’.

Ante tamaño ‘ultraje’, como llama el autor a tal situación, y teniendo en mente las llamadas ‘Diez Preguntas para Hacerle a tu Profesor de Biología Sobre la Evolución’ propuestas por el Creacionista Jonathan Wells, el autor cree que ‘es justo que [las Iglesias Creacionistas] reciban una cucharada de su propia medicina’, lo que me parece irónico, pues la introducción nos plantea una posición bastante víctima de los pobres profesores de ciencia Ateos, los cuales tienen todo el apoyo del Estado para enseñar sus teorías incomprobables. Los Ateos, en definitiva, tienen el derecho de imponer sus mentiras sobre tus hijos, pero tú no tienes derecho de enseñarles a tus hijos la verdad ni tampoco tienen ellos el derecho a defenderla, puesto que serás acusado de ‘ultrajar’ a los pobres profesores de ciencia Ateos, los cuales ya tienen varios problemas sobre sus hombros como para aguantar uno más; y no solo es uno más, sino que es, en palabras del autor de aquella entrada, el ‘ultraje [que] puede que supere a todos los anteriores’.

En fin, no alargaré más la cosa pues ustedes mismos pueden leer el resto de la diatriba en aquella página. Ahora pasaré a responder las preguntas planteadas por el artículo.

1. ¿Por qué insisten en que Dios es amoroso y misericordioso cuando, en las conquistas de Israel del antiguo testamento, este ordena específicamente a su pueblo elegido que masacre a sus enemigos; sin mostrar misericordia hacia hombres, mujeres, e incluso niños y animales?

La pregunta intenta plantearnos una contradicción en la naturaleza de Dios, contradicción que no existe para nada si tenemos en cuenta que la misericordia de Dios no existe por sí misma y no está divorciada de Su voluntad ni del resto de Sus atributos, además de que el hombre como criatura, y mucho más como pecador, carece de todo derecho frente al Creador. Escrito está:

Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.

Romanos 9:15-18

Por lo tanto, la misericordia de Dios no es algo que se derrama indiscriminadamente sobre todos los seres humanos, sino que es algo que Dios concede según Su voluntad a quien Él quiera. Dios tiene todo el derecho de ser o no ser misericordioso, y cuando es misericordioso lo es de manera total y absoluta.

Con respecto a la mención que se hace de aquellos pueblos que fueron desarraigados por Dios por medio de Su pueblo Israel, la respuesta es simple: Dios decidió no extender Su misericordia sobre ellos, sino condenarles en Su justicia por los pecados de los cuales eran culpables (Deuteronomio 12:19-21). Dios actuó en contra de esas naciones como Juez, y como tal aplicó justicia sobre ellas.

2. ¿Tiene sentido pretender, como hace la Biblia, que el pecado puede ser perdonado por arte de magia transfiriendo la culpa de una persona culpable a una inocente y posteriormente castigando la inocente?

¿De acuerdo a quién o a qué no tiene sentido? Cristo actuó como el Sustituto voluntario ante el tribunal de Dios, cargando sobre Sí mismo la culpa del pecado de Su pueblo y, en consecuencia, recibiendo el castigo merecido por tal culpa, eximiendo así a Su pueblo de recibir tal merecido castigo. Dios mismo ha establecido tal principio. Y gracias le damos, pues allí radica nuestra esperanza segura de salvación: en que Cristo, por amor, murió por nosotros, en nuestro lugar.

¿Cuál es el problema, sea ético o racional? ¿Porqué no tiene sentido? Incluso entre los hombres se da el caso en que una persona se compromete a responder por las acciones de otra persona, por ejemplo en el caso del aval. El asunto es que el autor se hace a sí mismo el parámetro de lo que tiene sentido y lo que no, poniéndose en una posición bastante arrogante. Si a él no le hace sentido, bien por él…pero deberá demostrarlo.

3. ¿Por qué la Biblia muestra a Dios manifestándose de formas dramáticas y realizando milagros evidentes ante los ojos de los no creyentes? ¿Porque no sucede nada parecido hoy en día?

¿Y porqué tendría que suceder? ¿Bajo qué premisa Dios estaría obligado a manifestarse de esa forma? No tengo idea de que forma lo que plantea esta pregunta afecta en algo a la fe Cristiana. Además, el hombre está tan corrompido que “si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:31), de manera que aunque Dios mismo descendiera del cielo ellos no creerían. Prueba es que incluso realizando muchos milagros evidentes frente al pueblo judío, Jesús terminó crucificado. Los milagros no dan fundamento a la fe, sino la Palabra de Dios.  Además, la fe misma es un don concedido y sostenido por Dios en el creyente elegido (Efesios 2:8; Filipenses 1:29).

Por otra parte, no creo que la limitada experiencia del autor sea determinante a la hora de afirmar universales. Es decir, no porque en su limitada experiencia el autor de estas preguntas no haya experimentado manifestaciones extraordinarias de Dios significa necesariamente que estas no suceden hoy en día. Puede ser que estas tengan lugar fuera del alcance del conocimiento del autor por ejemplo, de manera que afirmar categóricamente que estas manifestaciones ya no suceden es falaz.

4. ¿Por qué un gran número de cristianos siguen creyendo en el inminente fin del mundo cuando el Nuevo Testamento dice claramente que el apocalipsis iba a ocurrir 2000 años atrás?

Aquí el autor entra en el campo de la exégesis, pero no ofrece prueba alguna de lo que afirma aquí. Me gustaría saber donde dice la Escritura ‘claramente que el apocalipsis iba a ocurrir 2000 años atrás’. Seguramente se refiere a Mateo 24:34; si es así, estaría sacando grandemente de contexto tal vs., el cual, si tomamos en cuenta el contexto, plantea que la Segunda Venida del Señor Jesucristo y el fin del mundo tuvieron lugar en aquella generación de forma tipológica y no literal, pero así como no ofrece pruebas de lo que afirma, yo no entraré a profundizar en este asunto.

5. ¿Por qué los cristianos creen en el alma cuando la neurología ha encontrado pruebas claras de que el sentido de identidad y la personalidad pueden ser alterados por cambios físicos en el cerebro?

El autor incurre aquí en un gran petitio principii, asumiendo sin comprobar que las ciencias empíricas son capaces de entregarnos verdades absolutas, lo cual no es cierto. Sobre este tema, les recomiendo leer la traducción que hizo mi hermano Alexander Rodríguez de un artículo del pastor Gary Crampton llamado ‘La Visión Bíblica de la Ciencia’ donde expone las falacias lógicas que rodean esta práctica, la que si bien es útil es, a la vez, incapaz de entregarnos ninguna verdad absoluta.

A su vez, el autor plantea que el hecho de que ‘la neurología [haya] encontrado pruebas claras de que el sentido de identidad y la personalidad pueden ser alterados por cambios físicos en el cerebro’ prueba que el alma no existe; de otra forma, la pregunta no tendría sentido. Pero pregunto ¿Cómo prueba tal cosa lo que el autor dice que prueba? El autor asume que su premisa prueba su conclusión, pero no nos informa de que forma su premisa prueba lo que concluye. No veo la relación lógica necesaria entre la premisa y la conclusión, con lo que nuevamente incurre en una petitio principii y le agrega un non sequitur a su lista de falacias.

6. Si ofrecer la salvación a través de Jesús siempre estuvo en los planes de Dios, ¿por qué no envió a Jesús desde el principio, en lugar de confundir y engañar generaciones de personas mediante la creación de una religión llamada Judaísmo que, según Dios mismo sabía de antemano, no sería la adecuada?

Todo lo que acontece en la Creación tiene un propósito dentro del plan de Dios. Nada sucede al azar, sino que incluso la entrada del pecado al mundo sucedió, usando una expresión Bíblica, de acuerdo al determinado concejo y anticipado conocimiento de Dios, y cada pieza dentro del plan tiene su lugar y función destinados. En otras palabras, la salvación en Jesucristo no es un plan B en el consejo de Dios debido a la entrada del pecado, sino que la entrada del pecado y sus múltiples manifestaciones (incluyendo la aparición de falsas religiones como el Judaísmo) obran en conjunto el gran propósito de Dios, que es el de glorificarse a Sí mismo en Jesucristo mediante la salvación de Su pueblo elegido y la condenación de los réprobos. Todas las cosas bajo el cielo, sean buenas o malas, obran en conjunto para lograr tal grandioso fin.

La pregunta, además, tiene un trasfondo pragmático. Debido a esto, la conclusión que pretende establecer carece de fundamento sólido, puesto que lo que pueda parecerle al autor como algo práctico, para Dios puede no ser así, teniendo en cuenta que Dios carece de las limitaciones que posee el autor, las cuales limitan drásticamente sus opciones prácticas. El Pragmatismo, al igual que el Empirismo, no puede establecer verdad alguna.

7. La Biblia dice que Dios no desea que nadie perezca, pero también afirma que la mayoría de la humanidad terminará en el infierno. ¿No quiere decir esto que el plan de salvación de Dios fue un fracaso? Si este trágico resultado se considera un éxito, ¿que contaría como un fracaso?

El pasaje aludido por esta pregunta es el siguiente:

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

2 Pedro 3:9

Entonces, la pregunta asume, según la interpretación que da de este vs., que el propósito de Dios es salvar a todos y a cada uno de los hombres. Si esto es así, entonces lo que concluye esta objeción es cierta: Dios ha fracasado, puesto que la mayoría de la humanidad ha terminado en el infierno. Sin embargo, ¿Es esto así? Para nada, pues nunca ha sido la intención de Dios salvar a cada ser humano, sino solo a Su pueblo elegido, el Israel espiritual.

Tomando en cuenta el contexto, estas palabras de Pedro van dirigidas a aquellos que llama “amados” (vs. 1), los cuales son distinguidos de aquellos a quienes Pedro llama “burladores” (vs. 3). Como la carta va dirigida a la Iglesia en general, todos aquellos que con verdadera fe han creído en Jesucristo para salvación entran en el grupo de los “amados”, pues la fe es señal segura de la elección.

Entonces, el “nadie” y el “nosotros” del vs. 9 no se refieren a cada ser humano en particular, sino solo a los “amados”, es decir, a la Iglesia de Dios, el Cuerpo de Cristo, el Israel de Dios. Dios no retarda Su promesa, sino que, de acuerdo a Su plan, cada uno de los elegidos procederá al arrepentimiento, y luego vendrá el fin.

Me gustaría ver como responden esta pregunta aquellos que abogan por el Universalismo. No veo cómo pueden escapar a la inevitable conclusión de ésta.

8. ¿Por qué Dios no creó los seres humanos de tal manera que libremente deseen hacer el bien, eliminando así la necesidad de crear un infierno para atormentar eternamente a los impíos? (Si la idea le parece imposible o contradictoria, ¿acaso no es esta la situación que se da en el cielo?)

Mi pregunta nuevamente es ¿Y porqué debería hacerlo? De nuevo, no veo el sentido de esta pregunta ni de que forma afecta a la fe Cristiana. Me parece más una apelación a las emociones que una verdadera objeción lógica.

En fin, Pablo responde esta pregunta de la siguiente forma:

¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?

Romanos 9:22-24

Y en otro lugar se nos dice:

Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo, Y aun al impío para el día malo.

Proverbios 16:4

Entonces Dios, de acuerdo a Su propósito de glorificarse a Sí mismo en todas las perfecciones de Su maravilloso Ser, a fin de glorificarse en Su justicia, ira y poder, creó al impío para mostrar en él a Su pueblo tales perfecciones que de otra forma, de no haber impíos sobre las cuales manifestarlas, hubieran quedado ocultas, además de mostrarles el fin que hubieran tenido ellos de no ser por la gracia y misericordia de Dios en Jesucristo.

Por lo tanto, incluso aquellos que se condenan tienen su lugar dentro del gran propósito de Dios, y la objeción implícita de la pregunta queda totalmente neutralizada.

9. (Para fideístas o personas que dicen que la fe se auto-justifica) ¿Es justo o racional por parte de Dios ocultarse a sí mismo de modo que sólo pueda ser conocido por fe, y aparte de eso insistir en que cada ser humano le encuentre escogiendo la única correcta entre cientos de incompatibles religiones?

¿Y porqué sería injusto e irracional tal cosa? Dios es el parámetro de Sus propias acciones, de manera que Si Él hace algo, tal acción de parte de Dios es buena, justa y santa solo porque Dios lo hizo. En ese sentido, si Dios no quiso revelarse a la mayoría de la humanidad, entonces es justo ante Él actuar de aquella forma. No hay mandamiento que obligue a Dios a actuar de otra manera, sino que el revelarse a Sí mismo es una prerrogativa que ejerce a voluntad sobre quien Él quiera (Mateo 11:27). Por lo demás, siendo el hombre pecador, no tiene derecho alguno de que Dios se revele a él y le salve, sino que lo que merece es ser condenado al infierno. Entonces, que Dios se revele a alguien es un don que Él concede en Su gracia a quién Él quiera.

De qué forma esto es injusto me gustaría saberlo; a su vez, de qué manera esto puede ser irracional también me gustaría saberlo. ¿Acaso Dios no tiene derecho de hacer lo que quiera con lo Suyo? Si al autor del artículo no le parece, eso ya es otro cuento.

10. Si usted tuviera el poder de ayudar a todas las personas que sufren o que pasan momentos de grave necesidad, ¿estaría dispuesto a hacerlo? De ser así, ¿por qué Dios no lo hace?

Esta es una pregunta que apela grandemente al sentimiento de justicia propia que tiene cada hijo caído de Adán, pues pretende poner al hombre mismo como el parámetro de lo que Dios debe ser y hacer. Además, revela una inmensa arrogancia sobre aquel que caiga en la trampa. Alguien puede responder afirmativamente esta pregunta sin problemas, pero cuando llega a la segunda pregunta saldrá a flote el orgullo si es que cae en la trampa. Dice el alma orgullosa: – ‘Si yo estoy dispuesto a hacerlo pero Dios no, entonces eso significa que soy mucho más bueno, justo y santo que Dios’. Es realmente apestoso el olor a orgullo que desprende la justicia propia que, dicho sea de paso, es inexistente entre los hijos de Adán afectados por el pecado.

La respuesta es como sigue: lo que para el hombre es una obligación impuesta por Dios mismo, para Dios es un derecho que puede ejercer libremente. No hay nada ni nadie que obligue a Dios a ayudar a las personas necesitadas que, dicho sea de paso, como todo hijo de Adán en pecado merecen ser condenadas por haber pecado contra Él, y toda ayuda que venga de Su mano es de pura misericordia.

Además, la pregunta presenta una objeción ética en contra del carácter de Dios, pero ¿Bajo que parámetro ético un Ateo o Escéptico puede emitir juicio moral alguno? ¿Qué justificación racional le da veracidad, universalidad, autoridad y objetividad a tal parámetro? Estas preguntas carecen totalmente de respuesta racional alguna de parte del Ateo o Escéptico.

En fin, ya están respondidas las preguntas. Una cosa interesante es que ninguna de las objeciones implícitas dentro de las preguntas (con excepción aparente de la primera) da como conclusión necesaria que Dios no existe; al contrario, las preguntas dejan manifiesta la ignorancia de la fe Cristiana según las Escrituras del autor de estas.

La cruz de Cristo permanece firme, y Su resurrección nos da esperanza de gloria. Todo aquel que crea en Él será salvo, y llegado el gran día recibirá de Dios el mayor regalo de todos: Su presencia eterna. Disfrutaremos con Cristo para siempre. Tenemos la verdad de nuestra parte, y quiera Dios llamar a Sus elegidos de la oscuridad e ignorancia del Ateísmo y del Escepticismo a la luz admirable de Cristo, para gloria de Su Nombre.

Dios les bendiga, y recuerden siempre que somos más que vencedores por la fe que nos ha sido dada. AMÉN.

Los Testigos de Jehová y Colosenses 1:15-16: Jesucristo Fue lo Primero en Ser Creado por Jehová…¿Y Qué?

Muchas veces nos estancamos en ciertas fórmulas y nos ahogamos en vasos de agua ante ciertas objeciones, y no nos damos cuenta que tenemos las respuestas a la mano para derribar completamente todo argumento que se levante en contra de la doctrina de Dios expresada en las Escrituras. Por esta razón, no debemos perder conciencia de lo que ya creemos, pues es allí donde están todas las respuestas.

En Su providencia, al participar en un interesante debate sobre la interpretación particular de los Testigos de Jehová de Colosenses 1:15-16, Dios me llevó por Gracia a considerar aquella interpretación a la luz de las mismas palabras de los Testigos de Jehová para, finalmente, refutarla de manera absoluta, neutralizando totalmente el argumento y usando sus mismas palabras para nuestro beneficio.

El pasaje en cuestión es el siguiente:

(Jesucristo) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.

Colosenses 1:15-16

El razonamiento de los Testigos de Jehová ante este pasaje es el siguiente: ‘La expresión “primogénito de toda creación” nos enseña (según ellos) que Jesucristo fue creado antes que todas las cosas, y que luego fue usado por Dios como medio para crear las otras cosas. Si Jesucristo fue creado, entonces Él no puede ser Dios; y si Jesucristo no puede ser Dios, entonces no existe tal cosa como la Trinidad’. Bajo este mismo razonamiento, los Testigos de Jehová justifican agregar entre corchetes la palabra ‘[otras] en Colosenses 1:16 (“…todas las [otras] cosas…”) aduciendo que la palabra griega πάντα (panta) (plural neutro de πᾶς (pas) que significa y es traducida “todas las cosas”) no ha de ser entendida de forma absoluta (¿Un ‘todo’ relativo? Eso es un poco contradictorio ¿No creen?) y a modo de aclaración se debe agregar esa palabra entre corchetes para dar a entender que Cristo, aún siendo creado, no se creó a Sí mismo. Mi respuesta básica a este argumento es que πάντα siempre se ha de entender en sentido absoluto con respecto al grupo que está calificando, pero no ahondaré más en este punto por ahora.

En fin, durante el debate respondí de la forma usual, es decir, dándole a entender a mi oponente que la palabra “primogénito” no es usada en las Escrituras simplemente como el primero cronológico en cuanto a generación natural, sino también como un título que indica preeminencia (ver  Jeremías 31:9 comp. con Génesis 41:51-52; Salmo 89:20,27 comp. con 1 Samuel  16:1-13; Hebreos 12:23; en todos estos ejemplos la palabra “primogénito” es usada totalmente divorciada de todo orden cronológico en cuanto a generación natural, y es usada significando preeminencia), y que tal entendimiento de la expresión “primogénito de toda creación” no armoniza con el uso de la palabra en la expresión “primogénito de entre los muertos” en el vs. 18, pues evidentemente Cristo no fue el primero en el mundo en morir. En conclusión, la expresión “primogénito de toda creación” no significa que Cristo fue creado primero, como los Testigos de Jehová argumentan, sino que Cristo tiene preeminencia por sobre toda creación.

En este punto mi oponente alzó un argumento que me pareció valido. Me dijo que aquello calificado como preeminente por la palabra “primogénito” en las Escrituras siempre pertenece al grupo sobre el cuál es puesto como preeminente. Los ejemplos que me dio me parecieron bastante coherentes y debo decir que fui persuadido por el argumento, si bien puedo estar equivocado. En este punto hice una oración y le pedí a Dios que me ayudara en esto, para refutar totalmente el argumento, y entonces Su fidelidad no se hizo esperar.

El asunto es el siguiente, pensé: La conclusión que intenta apoyar mi oponente es básicamente que Jesús no es Dios y que, por lo tanto, no existe tal cosa como la Trinidad. Entonces me pregunté: ¿Apoyan sus premisas tal conclusión? ¿Apoya su interpretación del pasaje lo que intenta concluir? ¡Y la respuesta es no!

Me explico: Muchas veces tendemos a negar y a refutar toda afirmación que hace nuestro oponente, como si cada cosa que dijera fuera un ataque contra nuestra posición. Craso error. Como ejemplo puedo decir que ante esta objeción particular tropezamos cuando nos dicen que Jesucristo fue creado, y he leído a hermanos negar e intentar refutar tal proposición como si estuviera en contra de nosotros, lo cual es un total error. Pregunto ¿No se supone que como Trinitarios creemos que nuestro Señor, el Hijo de Dios, a fin de salvarnos y poder morir por nuestros pecados, se Encarnó, es decir, añadió a Su Persona la naturaleza humana mediante María, siendo ella virgen? ¿Acaso esa naturaleza humana (ese cuerpo y mente humanos) que el Señor añadió a Sí mismo no forman parte de la Creación? Si la respuesta es sí, y no creo que ningún hermano Trinitario vaya a negarlo (quién lo niegue no es Cristiano en primer lugar según 1 Juan 4:1-3), entonces estarán de acuerdo con la siguiente afirmación: Los Trinitarios creemos que el Señor Jesucristo en cuanto a Su humanidad forma parte de la Creación.

Entonces, teniendo lo anterior en mente, volvamos a la interpretación de los Testigos de Jehová del pasaje en cuestión. Ellos nos dicen que, a la luz de este pasaje, Jesucristo fue lo primero que creó Dios, y que por ser creado no puede ser Dios. Ante esto debemos preguntar ¿De qué manera la afirmación de que Jesucristo fue creado imposibilita o contradice lógicamente la afirmación de que Jesucristo es Dios? Y le debemos recordar a nuestro oponente que nosotros los Trinitarios también creemos que en cierto sentido Jesucristo fue creado y forma parte de la creación y, a la vez, creemos que Jesucristo es Dios. ¿Dónde está el problema? ¿Dónde la contradicción? Yo no veo ninguno.  Incluso, podemos agregar, si llegasen a probar que Jesucristo fue lo primero en ser creado ¿Qué importa? ¿En qué contradice esto la doctrina de la Trinidad o de la Deidad del Hijo de Dios? Por supuesto, como hemos dicho antes, la palabra “primogénito” a la luz del contexto de Colosenses 1:15-20 debe entenderse en el sentido de preeminencia, contrario a lo que nuestro querido oponente nos quiera hacer creer. Agregando más, incluso si nuestro oponente pudiese (aunque no podrá hacerlo) comprobar que πάντα se puede entender en sentido relativo y que es necesario y totalmente justificado agregar entre corchetes la palabra ‘[otras]’ en Colosenses  1:16 ¿En que contradice esto nuestra posición? Y aún más, si incluso nuestro oponente probara que la expresión “primogénito de toda creación” incluye a Jesucristo ¿Dónde está el problema? ¿Qué doctrina Trinitaria contradice tal afirmación? Ninguna hermanos, absolutamente ninguna. Y ante tal refutación, nuestro oponente no tiene respuesta posible sino abandonar su argumento y desecharlo como deficiente, o incluso mejor, si Dios en Su Gracia lo dispone, nuestro oponente puede arrepentirse de su pecado y aceptar en fe al único que puede salvarle, al Hijo de Dios.

En conclusión, el argumento de nuestro oponente incurre en un non sequitur, lo que nos lleva a concluir que la objeción, entonces, es totalmente irrelevante. Nada de lo que nuestro oponente Testigo de Jehová pueda decirnos basado en Colosenses 1:15-16 contradice o imposibilita lógicamente ni la doctrina de la Trinidad ni la de la Deidad del Hijo de Dios, demostrando una vez más la pobre capacidad lógica del hombre natural y la superioridad racional de la doctrina del Trino Dios expresada en las Escrituras (Proverbios 21:30). Cualquier cosa que nos diga nuestro oponente no nos hará ni siquiera un rasguño.

Personalmente, luego de este encuentro, he llegado a concluir que la expresión “primogénito de toda creación” si puede incluir sin problemas a Jesucristo en cuanto a género, si bien lo distingue en cuanto a importancia, pues si bien como Dios el Hijo tiene y siempre ha tenido todo Poder, Autoridad y Preeminencia, como hombre obtuvo tal rango luego de Su obra en la tierra (Isaías 53:10-12; Mateo 28:18; Filipenses 2:5-11). Y esto armoniza bien con el contexto de Colosenses 1:15-20, pues Jesucristo no es presentado allí meramente como Dios, sino que es presentado como nuestro Señor y Mediador en su rol como Dios/hombre, dándole énfasis a Su preeminencia dentro del consejo de Dios (Colosenses 1:18-20).

En fin, nada de esto hubiera logrado sin la asistencia necesaria de Dios por medio de Su Espíritu Santo, así que doy la gloria al único que lo merece, nuestro Trino Dios.

¡Soli Deo Gloria! Dios les bendiga…

Los Decretos de Dios, Su Omnisciencia y los Eventos Históricos: Algunas Palabras

En un diálogo en Facebook, en donde el tema era el rol de Dios como causa directa del mal, hice el siguiente comentario:

Bíblicamente hablando, el conocimiento que Dios tiene de Su Creación es un conocimiento que no depende de ésta, sino que depende de Dios mismo. Decir que Dios sabe con certeza absoluta todo lo que ocurrirá con Su Creación es, finalmente, lo mismo que decir que Dios sabe con certeza lo que Él mismo llevará a cabo con Su Creación mediante Su poder, esto es, lo que Él ha planeado hacer con Ésta. Dios conoce con certeza todos los eventos o sucesos dentro de Su Creación porque es Él mismo Quién los causa y los dirige de acuerdo a Su propósito y voluntad. Si, al igual que nosotros, el conocimiento de Dios dependiera de los objetos ‘externos’ a Él, entonces ya no tenemos Omnisciencia, sino predicción de probabilidades, y donde hay probabilidad no hay certeza, y donde no hay certeza no hay, entonces, conocimiento.

El asunto específico que trato aquí es el de el conocimiento de Dios sobre los eventos históricos. Debido a que nosotros, a menos que Dios mismo nos lo revele en Su Palabra o por profecía, no tenemos conocimiento certero de lo que sucederá a futuro, entonces lo que hacemos es predecir probabilidades. Sin embargo, con Dios no es así la cosa, sino que Él tiene conocimiento certero con respecto a todos los eventos históricos, es decir, aquellos que se desenvuelven en el tiempo (eventos micro o macro, pasados, presentes y futuros), y este es un conocimiento certero porque Dios es Quién causa todas las cosas que suceden.

Si no fuese así, si el ‘conocimiento’ que Dios tiene de los eventos futuros solamente es como el nuestro, predictivo, tenemos entonces que Dios sería el que mejor adivina el futuro, pero aquel ‘conocimiento’ solo cae dentro de la categoría de probabilidad. Por lo tanto, si Dios conoce de esa manera los eventos históricos (incluidos los eventos pecaminosos, pues esto se desenvuelven en el tiempo), entonces Dios no ‘conoce’ con certeza los eventos, sino que los adivina, y que Dios los adivine, tal cual como los que predicen el clima en la tele, significa dos cosas:

a) Dios, entonces, no tiene el control de los eventos históricos, por lo menos el control absoluto, lo que contradice completamente Su Soberanía absoluta sobre Su Creación.

b) Dios, entonces, no tiene conocimiento cierto de los eventos futuros, sino que se maneja mediante probabilidades, por más certeras que estas sean, lo que contradice claramente Su Omnisciencia.

Entonces, afirmar que Dios conoce de aquella manera ‘predictiva’ los eventos históricos (sean todos, o sean algunos de ellos solamente) implica que uno es inconsistente con lo que la Escritura afirma sobre Dios, por parte baja, o en los casos más graves, si se quiere ser consistente, implica que el Dios en el que se está creyendo no es Dios, en primer lugar, y mucho menos es el Dios de las Escrituras.

Contrario a esto, el fundamento de la Omnisciencia de Dios sobre los eventos históricos es Su decreto, es decir, aquello que Él a planeado llevar a cabo con Su Creación en la eternidad. Solamente así podemos decir que Dios conoce con certeza todos los eventos históricos, pues, finalmente, es Él Quién los causa en el tiempo. Y este es el testimonio de la misma Escritura (Salmo 115:3; Isaías 46:9-11).

Dios les bendiga

El “Cantar de los Cantares” de Salomón en Contra de la Salvación por Obras: El Inmenso Valor del Libre Amor de Dios

Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo; Porque fuerte es como la muerte el amor; Duros como el Seol los celos; Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, Ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, De cierto lo menospreciarían.

Cantar de los Cantares 8:6-7

El ‘Cantar de los Cantares‘ nos narra la historia de amor entre una mujer identificada como la sulamita, y el rey Salomón. Este hermoso libro del AT nos relata de una manera hermosa el cortejo previo al matrimonio, así como el amor después de éste, y también nos dibuja las expresiones de amor y deseo más preciosas que puedan leerse entre un esposo y su esposa. En un sentido espiritual, esta historia es presentada como tipo del amor que existe entre Cristo y Su pueblo, Su iglesia (Efesios 5:21-33; Apocalipsis 19:7-9).

Este pasaje del libro de ‘Cantares‘ corresponde a las palabras de la esposa. Ella comienza diciéndole al esposo “Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo…“. La esposa le pide a su amado que la mantenga cerca de su corazón, en lo más íntimo de sus pensamientos, como un “sello” inamovible en su interior. A su vez, la esposa le pide a su amado que le confirme públicamente, que su amor hacia ella sea manifiesto a todos, tal como una “marca sobre (su) brazo” es visible a todos. En otras palabras, le pide la seguridad de su amor hacia ella, que la ame y la considere como a sí mismo.

Luego, la esposa sigue argumentando su petición describiendo el verdadero amor. Comienza diciendo: “Porque fuerte es como la muerte el amor…“, es decir, así como la muerte es una realidad firme y segura, así mismo el verdadero amor es firme y seguro. “Duros como el Seol los celos…”, al igual que en la expresión anterior, el amor es presentado como una virtud firme y segura como la muerte; sin embargo, el amor aquí es llamado “celos“, de manera que los celos son presentados como una expresión del amor. Como tal, los celos son aquella manifestación del amor en la que aquel que ama reacciona en disgusto cuando el ser amado entrega su amor de manera ilícita a otro; en otras palabras, le ruega implícitamente a su amado que sea celoso con su amor, que no deje que el amor de ella caiga en otras manos. Se nos dice del amor: “Sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama…“; el verdadero amor es intenso, que consume completamente nuestro ser. Es el intenso deseo incondicional de entregarse por completo a una persona, de buscar el bien de esa persona amada, procurar su felicidad, por supuesto, siempre fundamentado en la Palabra de Dios, porque fuera de Sus delineamientos no hay verdadero amor, de manera que el verdadero amor tiene por fundamento la Palabra de Dios (Romanos 13:8-10). Este deseo no se fundamenta en los sentimientos, ni tiene el propósito de satisfacerse a sí mismo, sino que nace del firme propósito de la voluntad de buscar el máximo bien y la mayor bendición del ser amado de acuerdo a la voluntad de Dios.

Se nos dice del verdadero amor que “Las muchas aguas no podrán apagar el amor, Ni lo ahogarán los ríos…“, y esto es obvio. Este amor no está condicionado por la otra parte, de manera que se mantendrá firme en su fuerza y propósito a pesar de las adversidades, e incluso a pesar de los defectos del ser amado (Romanos 8:31-39). Un amor de estas condiciones no puede ser forzado, sino que es algo que se entrega solamente. Su valor es tan alto que nada puede comprarlo, solo debe ser recibido, y esto nos lleva a la frase en cuestión: “Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, De cierto lo menospreciarían“. Un hombre puede entregar todos los bienes de su casa por obtener este amor, pero este amor es tan valioso que no hay precio alguno que lo pueda comprar, sino que debe ser voluntariamente entregado y, a su vez, simplemente recibido.

Lo mismo pasa con el amor de Dios. Cualquiera que piense de sí mismo que es tan bueno que Dios debe recibirle por sus muchas buenas obras esta, en otras palabras, pretendiendo comprar el amor de Dios con sus obras o queriendo forzar Su amor. Craso error, pues Dios no está obligado a amar a nadie, sino que Él ama a quien Él quiere amar (Romanos 9:15-16,18), y Su amor se manifiesta en la salvación en Cristo de aquel que Él ame. Dios se entregó a Sí mismo, en la Persona del Hijo de Dios, por aquellos que decidió amar en la eternidad, y lo hizo de manera incondicional, a pesar de los pecados de estos. El sacrificio del Hijo de Dios tuvo por objeto, precisamente, el mayor bien y bendición de aquellos por los que murió, salvándoles de Sus pecados y llevándoles a la máxima gloria eterna por la misericordiosa obra de Jesucristo el Señor. Su amor es un amor celoso que no permitirá que Sus elegidos amen a otro que no sea Él. Y Su amor es de tal valor que nada que hagamos puede comprarle, sino que Dios lo entrega voluntariamente a quien Él quiere. Ninguna obra que hagas va a forzar a Dios a amarte.

¿Quieres saber si Dios ha puesto Su amor sobre ti? Lo mismo sería preguntar ¿Crees en Jesucristo, el Hijo de Dios? ¿Crees que el Hijo de Dios, aquel que es Dios y hombre, murió por tus pecados y fue resucitado para tu salvación? Si crees, entonces el amor de Dios ha sido puesto sobre ti, porque solo aquel que es amado por Dios puede creer en Jesucristo (1 Juan 4:10,19); si no crees, este es el mandamiento: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo…“. No es una opción, ni una sugerencia, sino un mandamiento: Debes creer en Jesucristo; si crees, serás salvo y tendrás evidencia firme de que Dios te ha amado; si no crees, desobedeces a Dios, y si permaneces en incredulidad, deberás esperar el castigo que Dios tiene preparado para Sus enemigos. Como un esposo considera solo a su esposa, así también Dios solo considerará a Su Iglesia, y el camino a ella es Jesucristo, a Quien accedemos solamente por la fe. No esperes que Dios te considere y te bendiga mientras permanezcas lejos de Jesucristo, el cuál amó de tal manera a aquel que crea en Él que derramó Su hermosa vida para salvarle completamente (Juan 15:13); por lo tanto, “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo“.

Quiera Dios obrar en tu corazón de tal manera que, al igual que la esposa de ‘Cantares‘, quieras decirle: “Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo“.

Dios te bendiga…

Comentario Breve a Santiago 2:14-26

Tal como lo he prometido, trabajaré en la segunda parte del estudio sobre la fe de los demonios y el cómo Santiago 2:19 no apoya la noción de que la fe necesita de obras para ser considerada una fe salvadora o aquella noción de que la fe intelectual, entendida como el simple asentir intelectualmente a una proposición, no es suficiente para ser salvos, más por ahora, a fin de crear un contexto general sobre el cual trabajar ese punto en particular, comentaré brevemente Santiago 2:14-26.

Antes de comenzar, les llamaré la atención a dos versículos claves a la hora de entender a que se refiere Santiago cuando habla de “la fe”: vs. 14 y 18. Tener claridad sobre lo que estos dos versículos dicen nos iluminará toda la sección así como también despejaran toda noción de contradicción y pondrán en armonía las palabras de Santiago con el resto del testimonio Bíblico.

Vamos con el comentario:

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?

Santiago 2:14

Vemos expuesto aquí el pecado que Santiago quiere enfrentar en las siguientes palabras: “¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras?”, es decir, el pecado de una profesión de fe carente de evidencias que demuestren su realidad. Que el problema es la profesión de fe y no la fe en sí misma es evidente, pues Santiago nos habla de alguien que “dice que tiene fe”, es decir, que profesa creer, pero cuyo problema es que “no tiene obras” que demuestren la veracidad de tal afirmación.

Santiago pregunta: “¿De qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras?”, es decir, ¿Qué provecho le trae a alguien que carece de evidencias de tener fe el hecho de decir que cree? Y luego pregunta “¿Podrá la fe salvarle?”. Aquí no debemos confundirnos. Cuando Santiago habla de “la fe” no se refiere a la facultad de creer, sino, como nos lo ha informado anteriormente, a una profesión de fe carente de evidencias que demuestren su realidad. Tal persona no debiese confiarse en que por el simple hecho de decir que cree entonces su fe es verdadera, pues su carencia de obras demuestra lo contrario, es decir, que lo que afirma es falso. En consecuencia, aquella “fe”, entendida como una profesión carente de sustancia o realidad, no le salvará.

Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.

Santiago 2:15-17

Para establecer su punto, Santiago nos pone un ejemplo. Nos dice que “si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?”, es decir, la meras palabras de misericordia hacia un hermano en necesidad no le aprovechan en nada al hermano y, al contrario, demuestran lo vacío y carente de realidad de aquellas palabras. La misericordia se expresa no solo en las palabras, sino en los hechos y, en este caso, una misericordia verdadera se expresará en el hecho de suplir las necesidades del hermano en necesidad, y no solo lanzar unas cuantas palabras huecas al viento que aparentan piedad, pero no la demuestran. Juan nos exhorta a lo mismo en 1 Juan 3:16-18, donde vemos que el tema es la piedad de la boca para afuera, pero carente de obras que demuestren su realidad.

A partir de este ejemplo, Santiago concluye “así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”, es decir, que una profesión de fe que no se manifieste a sí misma en buenas obras da evidencias de la inexistencia de aquello que se dice tener y, en consecuencia, de la falsedad de aquella profesión. La fe que aquella persona dice tener “es muerta en sí misma”, es decir, es irreal, inexistente, solo de palabra pero carente de sustancia (Isaías 29:13; Tito 1:16).

Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.

Santiago 2:18-19

Tenemos aquí otro versículo clave a la hora de entender el mensaje de Santiago, quién, en un reto irónico antes de entrar a reprender al “hombre vano”, dice: “Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras”. Santiago enfrenta al “hombre vano”, aquel que cree que por el simple hecho de decir que “tiene fe” entonces se ha de creer su profesión a pesar de que “no tiene obras” que manifiesten la realidad de tal profesión, con un reto imaginario, en donde se le exige que pruebe la existencia de su fe “sin (sus) obras”, algo evidentemente imposible, mientras su retador le mostrará su fe “por (sus) obras”. El tema sigue siendo la justificación de una profesión de fe, y no la fe en sí misma, tal como el reto nos lo evidencia. La palabra clave es “mostrar”. La fe es una facultad intelectual, y como tal es invisible al ojo humano; solo Dios sabe donde Él mismo ha obrado fe, pues la fe es don Suyo y, además, Dios mira el corazón. Sin embargo, la fe se muestra a sí misma hacia otros en los efectos que produce en aquel que la posee, específicamente por medio de las buenas obras. De aquí se concluye que una profesión de fe carente de buenas obras no solo no puede justificarse ante otros, sino que da evidencia clara de que no existe fe salvadora en aquella persona. Tal persona se engaña a sí misma y pretende engañar al resto.

La ironía continúa cuando Santiago contrasta al “hombre vano” con “los demonios”: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan”. Que Santiago está siendo irónico es evidente por el hecho de supuestamente felicitarle por su fe en un artículo básico de la fe Cristiana, “que Dios es uno”, para luego compararle con quizás los seres más impíos de la Creación, “los demonios”. Incidentalmente, Santiago concuerda en que la fe consiste en asentir intelectualmente a una proposición que, en este caso, sería la proposición “Dios es uno”, y, a su vez, si bien de manera irónica, concuerda que aquella fe es algo bueno cuando dice “bien haces”. Pero la ironía no va dirigida al concepto mismo de fe, sino a la profesión de fe del “hombre vano”.

Ahora bien, contrario a lo que se nos dice generalmente, este versículo no enseña que la fe intelectual es insuficiente. Se nos dice esto de acuerdo al siguiente razonamiento: Si los demonios tienen esta fe intelectual, pero no son salvos, entonces la fe intelectual no es suficiente para salvar al hombre, de manera que para salvar aquella fe necesita de obras. El razonamiento falla básicamente en dos puntos: primero, ignora el contexto y trasfiere los defectos de una profesión falsa de fe a la fe en sí misma o al acto de creer en sí; segundo, en ningún lugar de las Escrituras se nos enseña que “los demonios” pueden ser salvos, incluso si creyesen en el Evangelio, puesto que Cristo murió para salvar hombres, no ángeles (Hebreos 2:16).

Entonces ¿Cómo interpretar este versículo? Como hemos dicho anteriormente, Santiago está siendo irónico, negándole a su oponente aquello que afirma mediante la afirmación de lo mismo. Primero, irónicamente le felicita por la supuesta fe que tiene, pero poniendo como ejemplo a “los demonios” le niega que tenga fe. Santiago le niega a su oponente que tenga siquiera la fe de un demonio, puesto que un demonio también cree que “Dios es uno”, pero a diferencia de aquel “hombre vano” que profesa creer pero carece de obras, la fe del demonio produce un efecto específico en él, es decir, “tiembla” ante esa realidad. Un demonio por lo menos tiene evidencia de la realidad de su fe, pero aquel que profesa creer pero carece de obras que den evidencia de aquello no tiene nada que pruebe lo que dice. Entonces, Santiago le está insinuando a su oponente que hasta un demonio tiene evidencias de que cree, mientras que a su oponente, por su carencia de obras que den evidencia de la realidad de su profesión de fe, no le alcanza ni para tener la fe de un demonio.

¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.

Santiago 2:20-23

¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?” Ahora Santiago se propone a establecer su punto mediante la Escritura por medio de dos ejemplos algo extremos: “Abraham”, el patriarca de los judíos, y “Rahab”, una gentil que se dedicaba a la prostitución. Con respecto a Abraham, Santiago nos dice: “¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?” Se nos dice que Abraham “fue justificado por las obras”, lo que no debiera provocarnos problema alguno si hemos puesto atención al contexto. Santiago se refiere a la “justificación” de una profesión de fe y no a la justificación del creyente en Cristo. La pregunta que Santiago quiere responder no es ¿Cómo puede el hombre llegar a ser justo frente a Dios? sino ¿Cómo puede alguien que profesa creer demostrar la veracidad de su profesión? Por lo tanto, si hemos respetado el contexto, será evidente que no hay conflicto alguno entre Pablo y Santiago. Aquellos que ven una contradicción, una paradoja o ven aquí evidencia para defender la salvación por obras no respetan el contexto en el cual se desenvuelve este versículo, transgrediendo y malinterpretando la Escritura.

Santiago dice que por medio de la obediencia a Dios al ofrecer a su hijo Isaac, en Abraham “se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios”. La palabra “cumplió” ha de entenderse en el sentido de verificación y no de ejecución (aquí). Por medio de su obediencia, Abraham demostró que su fe en Dios era verdadera, y por eso fue reconocido por otros como “amigo de Dios”. A esto Santiago agrega: “¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?”, es decir, por medio de su obediencia, la profesión de fe de Abraham “actuó juntamente con sus obras” al demostrarse no solo en las palabras sino también en los hechos, y su profesión de fe “se perfeccionó por las obras” dando evidencias de su realidad frente a otros.

Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.

Santiago 2:24

Con todo lo anterior, el punto de Santiago ya debiese estar totalmente establecido, de manera que bastaría con esta conclusión para terminar su discurso. Profesar creer en Dios pero no dar evidencias de aquella profesión es algo totalmente vano. Decir ‘yo creo en Dios’ mientras mi vida demuestra que no le tomo en cuenta ni a Él ni a Su Palabra es mentirse a sí mismo, mentirle a otros y mentirle a Dios. Con esto no hago referencias a las caídas del verdadero creyente, pues si el creyente cae o tiene luchas con su carne pecaminosa, estas caídas no son la regla sino la excepción, y el hecho de que existe lucha y el deseo de ser libre del pecado y de conocer más a Jesucristo y a Dios da evidencia de la realidad de la fe del creyente. Aquí se nos habla de alguien que “no tiene obras”, es decir, alguien cuya vida es una constante negación de sus palabras.

Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”, es decir, la profesión de fe de una persona no es verificada solamente por sus palabras, sino también por sus hechos. Demostrar la fe por medio de las obras es un tema constante en Santiago (Santiago 1:22-25; 2:12; 3:13).

Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino?

Santiago 2:25

Por medio de sus obras, específicamente por la obra de cuidar de los espías de Josué, esconderles del rey de Jericó y enviarles “por otro camino”, Rahab demostró que realmente creyó en Dios, tal como sus palabras en Josué 2:8-13 dan testimonio. Sus obras dieron evidencia de la realidad de su fe.

Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

Santiago 2:26

Tal como un “cuerpo (muerto) sin espíritu” solo es una cáscara sin vida, así también una profesión de fe “sin obras” es vana, falsa, irreal, sin provecho, carente de realidad, en otras palabras, “está muerta”.

No creo que sea necesario agregar más palabras. Tal como lo dice el título, este es un comentario breve de este pasaje de Santiago. Quizás no es tan detallado como otros comentarios más eruditos, pero por la Gracia de Dios he buscado dejar claros los puntos principales para poder entender con facilidad esta sección, y ruego a Dios que así sea entendido por ustedes.

A Dios sea toda la gloria, que Dios les bendiga…

El Israel Carnal, el Israel Espiritual y la Promesa de Dios

Por razón de una consulta que se me hizo acerca de Mateo 1:21, expuse lo que a continuación pueden leer acerca de la distinción entre el Israel en la carne y el Israel en el espíritu, una distinción muy importante para entender muchos pasajes Bíblicos, especialmente aquellos con referencia a Israel en el Antiguo Testamento.

Esta distinción es sumamente importante, pues nos indica de qué forma los escritores del Nuevo Testamento entendían aquellos pasajes del Antiguo Testamento con respecto a Israel, y ésta debiese ser la forma en que debemos entenderlos nosotros. A su vez, esta distinción tiene importantes implicancias Escatológicas y Políticas.

Les dejo, entonces con la exposición. Dios les bendiga:

Ahora, vamos a Mateo 1:21. Para entender este vs. y similares, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamentos, vamos donde Pablo:

Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.Romanos 2:28-29

En contexto (vs. 17-29) Pablo está reprendiendo al judío en la carne, es decir, aquel que desciende de Abraham según la generación natural. Luego de argumentar un poco al respecto, Pablo concluye lo siguiente: “Pues no es judío el que lo es exteriormente…sino que es judío el que lo es en lo interior“. Es decir, el verdadero judío a los ojos de Dios no es aquel que desciende carnalmente de Abraham, sino aquel que desciende espiritualmente de Abraham.

Pablo enfatiza esto, por ejemplo, en su Epístola a los Gálatas, cuando dice lo siguiente:

Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.Gálatas 3:6-7

Entonces, aquel que cree en Jesucristo es hijo de Abraham, pues comparte la misma fe que él. Y aquel que es hijo de Abraham por tener la misma fe que él es, entonces, un verdadero judío a los ojos de Dios. Y estos verdaderos judíos no solo se encuentran entre el pueblo judío en la carne, sino también entre nosotros, los gentiles, como Pablo dice más adelante:

Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.Gálatas 3:25-29

De lo anterior podemos concluir, entonces, que hay dos pueblos judíos: Uno carnal y otro espiritual. El pueblo judío carnal es aquel que desciende de Abraham en la carne, por generación natural. El pueblo judío espiritual es aquel que desciende de Abraham en el espíritu, es decir, por compartir la misma fe que Abraham.

Pablo reconoce esta distinción en los siguientes vs.:

No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.Romanos 9:6-8

El argumento de Pablo va como sigue: En los vs. 1-5, Pablo expresa su dolor al ver a muchos de su propio pueblo rechazar a Cristo. A la luz de esto, Pablo se adelanta a la siguiente objeción: Si Dios prometió salvar a Su pueblo, pero este mismo pueblo perece en incredulidad y es condenado, entonces significa que la promesa de Dios ha fallado. Pablo niega esta objeción implícita, como a continuación te explicaré.

Pablo dice: “No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos…“. La promesa de Dios no ha fallado, porque esta promesa no iba dirigida exclusivamente al pueblo de Israel según la carne, sino al pueblo de Israel según el espíritu, es decir, los elegidos de entre toda tribu, nación y lengua. Este pueblo espiritual elegido está conformado por aquellos judíos y gentiles por los que Cristo murió.

Entonces, a la luz de esto, Pablo nos enseña lo siguiente: El verdadero Israel ante Dios es la Iglesia, es decir, el conjunto de elegidos llamados a la fe en Jesucristo de entre toda tribu, nación y lengua. La Iglesia Invisible (término que sirve para distinguir a los elegidos de entre todos aquellos que profesan la fe Cristiana en la Iglesia Visible) es el pueblo de Dios, el verdadero Israel.

Jesús mismo nos enseña esto en los siguientes vs.:

Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. Pero ahora procuráis matarme a mí, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham.Juan 8:39-40

Aquí los judíos que estaban en contra de Jesús le sacaron en cara que ellos eran hijos de Abraham, y si hablamos de generación natural, claro que son hijos de Abraham según la carne. Pero Jesús les niega que sean hijos de Abraham, al decirles: “Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais…“. El argumento va como sigue: Si se es hijo de Abraham, se hacen las obras de Abraham; X judío no hace las obras de Abraham; entonces, X judío no es hijo de Abraham.

Aquellos judíos querían matar a Jesús. Debido a que Abraham no hubiera matado a Jesús, antes bien se regocijó de ver Su día, estos judíos demostraron entonces que no eran hijos de Abraham. Y si no son hijos de Abraham, entonces no son judíos.

Pedro dice lo siguiente de la Iglesia, es decir, del conjunto de creyentes verdaderos:

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, NACIÓN SANTA, PUEBLO ADQUIRIDO POR DIOS, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…1 Pedro 2:9

Claramente Pedro se inspiró en vs. como Deuteronomio 7:6, entre otros, que hacen referencia al pueblo de Israel como el pueblo adquirido por Dios. En otras palabras, Pedro equipara a la Iglesia con el pueblo de Israel, es decir, la Iglesia es el verdadero pueblo de Israel.

En conclusión, la promesa de Dios de salvar a Su pueblo no ha fallado. Cada elegido pertenece al verdadero pueblo de Israel, al Israel de Dios, habitante de la Jerusalén Celestial, y cada elegido será salvo con seguridad, conforme a la promesa de Dios. Si has creído en Jesucristo para salvación, entonces debes considerarte a tí mismo parte del pueblo de Dios, un verdadero judío israelita, un hijo de Abraham.

A la luz de todo lo anterior, vuelve a leer Mateo 1:21, y ahora sabrás a que pueblo se refiere el vs. y a que Israel se refiere el Salmo130:8:

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.Mateo 1:21

Jesús vino a salvar al Israel espiritual, al verdadero pueblo de Dios, conformado por judíos y gentiles. A la luz de lo anterior, ahora podrás entender a quién se dirigen realmente muchas de las promesas de Dios en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el Salmo 130:8 no está dirigido al pueblo de Israel según la carne, sino al pueblo de Israel según el espíritu, es decir, los verdaderos hijos descendientes de Abraham según la fe.

Si alguien te argumenta y te dice que, por ejemplo, esos vs. del Antiguo Testamento van dirigidos a la Israel según la carne, entonces basta con que les digas lo siguiente: ‘Si esos vs. van dirigidos a la Israel según la carne, y si en este momento hay aunque sea un solo israelita en el infierno, entonces eso significa que Dios no cumplió Su promesa de salvar al pueblo de Israel y Su Palabra ha fallado. ¿De verdad cree eso?’

Y si te responden que esa salvación depende de la decisión de la persona, entonces tú responde lo siguiente: ‘La Escritura enseña que la salvación “no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16), y si la salvación depende de la decisión de la persona, ya no es por Gracia, pues dependería de la obra de decidir del hombre, y la Escritura es clara cuando nos dice que “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra” (Romanos 11:6)’.

‘El Anticristo’ de Barry Gritters en Español

Mucho tiempo ya que no escribía nada en mi blog. Aparte de lo usual (trabajo, estudio, etc.) me involucré en la traducción de un artículo muy interesante que leí en la página de las Iglesias Protestantes Reformadas de América (PRCA) que trata sobre el Anticristo. El Rev. Barry Gritters, pastor de la PRCA, explíca de una forma muy bíblica y racional que es lo que la Escritura nos dice con respecto a éste personaje y su espíritu, cuya influencia puede percibirse fuertemente en el mundo, sus metas y valores.

Lo que me llevó a traducir este artículo es mi convicción de que las señales de los últimos tiempos y del principio de dolores ya se están percibiendo claramente, como Mateo 24:6 nos lo enseña. Específicamente la señal de los terremotos en varios lugares me lleva a juzgar que es muy necesario saber sobre esta realidad Bíblica, el Anticristo, para comenzar a darle batalla ahora y que su venida no nos pille desprevenidos. El artículo original lo pueden encontrar en el siguiente link: Rev. Barry Gritters – The Antichrist.

No me he olvidado, por supuesto, del estudio sobre la fe de los demonios. Lo terminaré en cuanto tenga tiempo, Dios mediante.

Aquí les dejo el archivo en formato Word para descarga:

- Rev. Barry Gritters – El Anticristo

Actualización: El Rev. Angus Stewart acaba de publicar la traducción en formato html en la página de la Covenant Protestant Reformed Church. Pueden leer directamente la traducción sin bajar el archivo Word AQUÍ.

Dios les bendiga…

Jesús: Mi Única Esperanza ante el Juicio Final

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras…Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

Apocalipsis 20:11-12,15

En el día final seré juzgado según mis obras, y la conclusión final será que merezco ser castigado en el infierno, porque ninguna de mis obras, ni siquiera las mejores y más buenas, llenan la condición de perfección que la Ley de Dios exige (Gálatas 3:10-11). Pero nadie en base a sus obras será salvo, sino aquel que esté inscrito en “el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21:27), es decir, aquellos que Dios eligió desde antes de la fundación del mundo para recibir los beneficios de la obra de Cristo en la cruz (Efesios 1:3-7).

Aquel día, la Ley dirá: – ‘Por cuanto las obras de Claudio no llenan la perfección exigida por mí, al contrario, ha transgredido mis mandamientos, algunos de manera muy grave, entonces exijo que en justicia sea castigado eternamente por causa de sus pecados’ -, entonces, mi Salvador y Abogado, el Señor Jesús, se pondrá delante mío, y dirá: – ‘Alto ahí: Yo he recibido todo el castigo que Claudio merecía por sus muchos pecados en la cruz; además, lo he vestido de mi propia justicia perfecta, de manera que no solo ya no te debe nada, oh Ley, sino que además deberás cumplir todas las promesas que has hecho al justo, por cuanto Claudio, en virtud de mi justicia perfecta, es perfectamente justo delante de ti. Oh Ley, el nombre de Claudio está escrito en mi libro de la vida’ (Romanos 8:33-34).

¡Maravilloso! Yo no lo merezco, pero Dios, por Su gracia, me salvó, confiriéndome fe en la persona y obra de Su Hijo Jesucristo. Ahora, todos los pecados que he cometido, cometo a diario y cometeré a futuro han sido cargados sobre Cristo, y Él recibió el castigo por ellos en la cruz (Isaías 53:4-6). Además, Su justicia perfecta, pues Él fue sin pecado alguno (Hebreos 4:15), es ahora mi vestido ante los ojos de Dios, y soy perfectamente justo delante de Él, no por mi justicia, sino por la del Hijo de Dios (Zacarías 3:1-5). Cristo, y solo Cristo, es mi único Salvador, y solo Él es mi garantía de que mi nombre está escrito en “el libro de la vida” y de que no seré “lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15).

¿Puedes decir lo mismo? ¿Puedes decir que Cristo te ha salvado, llevando sobre Él tu pecado y maldad, y poniendo sobre ti Su justicia perfecta? ¿Porqué no rechazas tus esfuerzos de ‘ganarte tu pedacito de cielo’ con tus obras, y mejor aceptas la obra perfecta de Cristo? ¿Por qué, mejor, no crees que Él ha muerto por tus pecados y ha resucitado para justificarte y ser tu Abogado? No vaya a ser que llegue el día en que tengas que presentarte delante de Dios, y te suceda aquello que sucedió a aquel que no estaba vestido para asistir a las bodas del hijo del rey: “Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 22:13). Cree en el Señor Jesucristo; cuando creas en Él sabrás que tu nombre está escrito en Su “libro de la vida”, y tu corazón se alegrará por ello (Lucas 10:20).

Quiera Dios tener misericordia de ti y concederte fe en Su Hijo Jesucristo. Que Dios te bendiga…