En resumen, cuando evaluamos un argumento, debemos primero tener claro el tema que el argumento está tratando. Incluso un argumento fuerte pudiera parecerle débil a una persona que no entienda su propósito, y viceversa. Luego, debemos determinar que es lo que el argumento está tratando de hacernos creer; esto es, qué es lo que el argumento afirma ser verdad. Independientemente de si estamos o no de acuerdo con la conclusión, debemos proceder a localizar las razones o premisas que han sido dadas en apoyo de la conclusión, y debemos preguntarnos si son verdaderas. Para evaluar propiamente las premisas y la conclusión, debemos entender las palabras que han sido usadas, y asegurarnos que lleven el mismo significado a través del argumento. Si el argumento sigue una estructura que hace que la conclusión sea necesariamente verdadera, entonces el argumento debería ser aceptado como verdadero si las premisas son verdaderas.