Todo por Nada: La Gracia Soberana de Dios en la Salvación. Interpretación y Exposición de Efesios 2:8-10 (Parte Nº4).

4.- Luego de afirmar que la salvación es por Gracia de Dios (“Porque por Gracia sois salvos…”), implicando con esto la causa eficaz y el alcance de la Gracia en la salvación que Dios efectúa en el pecador elegido, el Apóstol prosigue a informarnos sobre el medio instrumental por el cual Dios aplica la salvación en el hombre, y por el cual el hombre recibe la Gracia de Dios: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe”.

La relación entre la Gracia y la fe es tan fuerte e inseparable que el Apóstol dice que la promesa “es por fe, para que sea por gracia” (Romanos 4:16) en contraste con las obras de la Ley. Esto es, debido a que la Gracia es por definición gratuita e incondicional, el medio por el cual ésta debe ser recibida tiene que carecer de mérito alguno que convierta a la Gracia en una suerte de pago a la dignidad del mismo, lo que sería una contradicción de términos. De ahí la insistencia del Apóstol en que las obras de la Ley y la Gracia de Dios son sistemas incompatibles de salvación (Romanos 11:6) y, por lo tanto, sus medios también lo son.

Pues bien, tanto en Efesios 2:8 como en Romanos 4:16 la fe nos es presentada como el medio instrumental perfecto por el cual recibimos la Gracia de Dios. Agregamos a esto que el pasaje nos dice que “por gracia sois salvos por medio de la fe”, es decir, que la fe es el medio y no la causa eficaz o fundamento de la salvación. La fe como medio instrumental sirve para un fin específico: recibir la Gracia de Dios. Así como la mano del mendigo simplemente recibe la moneda del generoso, la fe recibe lo que Dios ofrece por Gracia, reconociendo en esto la indignidad del recipiente y la gratuidad e incondicionalidad de lo ofrecido.

Entonces, podemos concluir de esto que la palabra recibir es una metáfora que se refiere al acto intelectual de creer. En el siguiente vs., lo dicho anteriormente es evidente:

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

Juan 1:12

De este vs. entendemos que recibir a Jesucristo es creer en Su Nombre, es decir, creer en lo que las Escrituras nos dicen sobre Él. Entonces, recibir a Jesucristo no es una experiencia mística ni emocional, si bien el recibirle puede producir o no algún tipo de sentimiento. Recibir a Jesucristo es un acto intelectual: Creer, tener fe en Su Nombre.

Hemos dicho que la fe no es una experiencia mística o emocional sino netamente intelectual, relativa a la mente, al intelecto. Sin embargo, esto no nos dice mucho en cuanto a la fe en sí misma, sino sobre la esfera en que ésta existe y se desenvuelve. Por lo tanto, procederemos a definir que es la fe y, específicamente, que es la fe salvadora.

Podemos definir la fe de la siguiente manera: fe es asentir intelectualmente a proposiciones entendidas. En esta definición podemos distinguir dos componentes esenciales: el aspecto psicológico de la fe y el objeto de la fe. Ambos aspectos están claramente implícitos (y, por lo tanto, la definición también lo está) en la clásica descripción Bíblica de la fe encontrada en el siguiente vs.:

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Hebreos 11:1

Las palabras “certeza” y “convicción” se refieren al aspecto psicológico de la fe, mientras que las expresiones “lo que se espera” y “lo que no se ve” se refieren al objeto de la fe, aquello que la fe abraza o recibe.

Con respecto al aspecto psicológico de la fe, generalmente se distinguen tres elementos: notitia (entendimiento), assensus (asentimiento) y fiducia (confianza). Sin embargo, por razones en las que no voy a entrar en detalle, distingo en la fe solo dos elementos de los propuestos: notitia y assensus. Para mayor detalle de los argumentos a favor de mi posición, les remito a los siguientes escritos en The Trinity Foundation (aquí) y a las páginas 191 a la 196 del libro Sistematic Theology de Vincent Cheung (aquí).

El primer elemento de la fe en cuanto a su aspecto psicológico es el entendimiento. La palabra entender significa ‘Tener idea clara de las cosas’ (aquí). Entonces, entender no solo implica el estar concientes del objeto de conocimiento, sino también se debe (haciendo una paráfrasis de la definición) tener una idea clara de aquello que ha de ser conocido. No es posible tener fe en aquello de lo que no se es conciente, ni tampoco en aquello de lo que se es conciente, pero no se comprende. Si no soy conciente, por ejemplo, de la existencia de algo ¿Cómo voy a creerlo? (Romanos 10:14-15) Y si soy conciente por lo menos de la idea, pero no la comprendo ¿Cómo voy a asentirla? (Hechos 8:30-31) De modo que es necesario entender, aunque sea en un nivel básico, aquello que se ha de asentir.

La adquisición de conocimiento y de entendimiento es de vital importancia según las Escrituras. Tanto es así, que se nos dice que “la vida eterna” consiste en conocer al “único Dios verdadero, y a Jesucristo” (Juan 17:3), de modo que la vida eterna consiste en conocimiento entendido y asentido. Dios nos dice lo siguiente con respecto a este asunto:

Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.

Jeremías 9:23-24

Pablo nos llama a perfeccionarnos en cuanto al entendimiento de las cosas de Dios en los siguientes vs.:

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Romanos 12:2

renovaos en el espíritu de vuestra mente

Efesios 4:23

De manera que estamos llamados no solo a entender la Palabra de Dios, sino que debemos perfeccionar nuestro entendimiento de Ella haciendo uso de los medios que Dios nos ha dado, como lo son la lectura y meditación de la Palabra (Salmo 1:1-3) y la oración (Salmo 119:34), entre otros.

Sin embargo, el solo entendimiento del objeto de nuestro conocimiento no constituye la fe; por eso, es necesario asentir aquello que hemos llegado a entender a fin de poder decir que tenemos fe en ello. Asentir es ‘Admitir como cierto o conveniente lo que otra persona ha afirmado o propuesto antes’ (aquí), es decir, confiar y aceptar como verdadero aquello que se ha entendido. Algunos de los pasajes antes citados asumen la existencia de este elemento; sin embargo, es posible entender algo, por ejemplo el Evangelio, sin asentirlo o tenerlo por verdadero, incluso en el ámbito religioso (Isaías 29:13). Ejemplo de esto lo tenemos en el siguiente vs.:

Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.

Hebreos 4:2

Aquí se nos dice que el pueblo de Israel conoció el Evangelio, es decir, eran concientes de éste y quizás hasta cierto punto lo entendían, pero debido a que no asentían aquello que les fue presentado, entonces no les fue de ningún provecho el conocimiento que poseían. Usando el lenguaje de Hebreos 11:1, el pueblo de Israel carecía de “certeza” y “convicción” en cuanto al Evangelio, y debido a esto, carecía de fe. Eran unos incrédulos, y por eso no recibieron lo prometido (Hebreos 3:16-19).

Ahora bien, la fe en sí misma no tiene sentido o no puede existir sin un objeto que pueda ser abrazado por ésta. La fe cree en algo, y sin ese algo no hay fe. Y he aquí la diferencia entre la fe normal y la fe salvadora: el objeto en que ésta reposa.

La fe salvadora, en cuanto a su constitución psicológica, es igual que la fe normal que cualquier hombre o ángel pueda ejercer. Ambas consisten en los mismos elementos: notitia y assensus. Sin embargo, la fe salvadora adquiere su carácter salvador debido a su objeto. Es del objeto de la fe, y no de la fe en sí misma, todo el mérito en cuanto a la salvación (Hebreos 12:2). Cada vez que la Escritura se refiere a la fe sin referencia a su objeto es porque éste se da por asumido. Entonces, en cuanto a esto, estamos frente a una figura lingüística conocida como metonimia (aquí). Concluimos de esto que la fe en sí misma no es ni el fundamento ni la causa de nuestra salvación. No importa cuan débil sea nuestra fe, si ésta descansa en el objeto correcto entonces es una fe tan salvadora como la del cristiano más fuerte (Lucas 17:6).

El objeto de la fe salvadora es todo lo escrito en las Escrituras, y de manera específica el Evangelio, es decir, la persona y obra de Jesucristo (más sobre esto, aquí). La fe salvadora asiente intelectualmente a todas las proposiciones de las Escrituras, y a medida que las va entendiendo más y más, ésta se hace más y más fuerte y segura.

Sin embargo, queda la pregunta ¿Porqué la fe del cristiano asiente todo lo que está escrito en las Escrituras? La respuesta a esto la tenemos en el siguiente vs.:

Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.

1 Tesalonicenses 2:13

Entonces, el creyente asiente todo lo que está escrito en las Escrituras porque es la Palabra de Dios. La fe del creyente no es un auto-convencimiento subjetivo e irracional que desea que aquello que está escrito sea verdad, sino la certeza segura de que lo escrito allí es verdad porque Dios lo ha dicho. Por consiguiente, la seguridad de nuestra fe proviene de la veracidad garantizada de su objeto (Salmo 119:140; Juan 17:17), y es el producto lógico y racional de entender Quién es Dios: Aquel que es la Verdad y cuyo testimonio es por necesidad lógica verdadero (1 Juan 5:10). Por supuesto, el escéptico y el ateo no se agradarán de esta respuesta, pero dejemos que primero justifiquen racionalmente sus propias posiciones y fundamentos y luego les podremos tomar en serio. Las Escrituras deben ser recibidas por lo que son: la Palabra infalible e inerrante de Dios.

Sin embargo, es posible asentir algunas proposiciones Bíblicas sin tener fe salvadora. Esto es debido a que no toda proposición en la Escritura tiene el poder para salvar que se encuentra en un solo lugar: el Evangelio. Sobre esto trataré en el próximo punto.

En conclusión, el medio perfecto para recibir la Gracia es la fe, pues su carácter mismo consiste en recibir aquello que se ofrece. Recibir es una metáfora de creer; aquel que recibe a Cristo es aquel que cree en Él. Fe es asentir intelectualmente a proposiciones entendidas. Ésta definición comprende dos elementos: el aspecto psicológico de la fe y el objeto de la fe. En cuando al aspecto psicológico de la fe, ésta se constituye de entendimiento y asentimiento. En cuanto al objeto de la fe, son todas las proposiciones de las Escrituras, específicamente lo concerniente a la persona y obra de Jesucristo: el Evangelio. La diferencia entre la fe normal y la salvadora es el objeto de la fe y no la constitución de la misma. Sin embargo, es posible creer algunas proposiciones Bíblicas sin tener fe salvadora.

Continuará…

4 comentarios el “Todo por Nada: La Gracia Soberana de Dios en la Salvación. Interpretación y Exposición de Efesios 2:8-10 (Parte Nº4).

  1. RUBEN dice:

    QUE PODRIA AÑADIR, PEDIRLE SU PERMISO PARA BAJAR ESTOS MAGNIFICOS ESTUDIOS A FIN DE ENRIQUECER A MIS OBREROS,
    SOY PASTOR CON LA INTENCION DE FORMAR UNA BELLA MISION “MISION FILADELFIA”, en mi querido pais uruguay,MI E.mail: alfayomega@adinet.com.uy QUE DIOS, MI DIOS Y BUESTRO LE COLME DE LA GRACIA, SABIDURIA Y DE SU BENDITO AMOR QUE EXECEDE A TODO CONOCIMIENTO.

    • kimeradrummer dice:

      Que tal pastor, un saludo.

      De gracia recibimos, de gracia debemos dar. No tiene sentido que prohíba el úso de lo que escribo, pues mi intención es que la verdad de Dios revelada en Su Palabra corra como agua por todas partes.

      Con la salvedad de que no modifique el contenido del estudio y me cite como su autor, tiene todo el derecho de usar, citar, analizar, criticar, etc. cualquiera de mis estudios sin ningún problema.

      Que Dios le bendiga y le fructifique en su labor pastoral. Por supuesto, estoy a su servicio para lo que necesite en cuanto esté a mi alcance.

  2. Duda !🙂

    Con respecto a la fe dices:

    Con respecto al aspecto psicológico de la fe, generalmente se distinguen tres elementos: notitia (entendimiento), assensus (asentimiento) y fiducia (confianza). Sin embargo, por razones en las que no voy a entrar en detalle, distingo en la fe solo dos elementos de los propuestos: notitia y assensus.

    O sea no la confianza. Después dices:

    Asentir es ‘Admitir como cierto o conveniente lo que otra persona ha afirmado o propuesto antes’ (aquí), es decir, confiar y aceptar como verdadero aquello que se ha entendido.

    ¿Cómo es la cosa?

    • Cuando extraigo el término fiducia de lo que constituye la fe, lo hago por ser un término redundante. Entonces, no que la fe carezca de confianza, sino que la confianza está implícita en la definición. En otras palabras, confianza y fe son términos sinónimos.

      La confianza es el resultado necesario del entendimiento y el asentimiento. Donde estén estos dos habrá necesariamente confianza, es decir, fe.

      Saludos y que Dios te bendiga Albert!!!

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