Todo por Nada: La Gracia Soberana de Dios en la Salvación. Interpretación y Exposición de Efesios 2:8-10 (Parte Nº5a).

5a.- En el artículo anterior vimos que Pablo hace referencia al medio instrumental de la salvación cuando nos dice que “…por Gracia sois salvos por medio de la fe”. Analizamos el concepto de fe en sí mismo, la fe salvadora en contraste con la fe común y también nos detuvimos brevemente en el objeto de ésta. Sin embargo, Pablo no se detiene allí, sino que procede a escribirnos sobre el origen o causa de la fe salvadora, así como también de la imposibilidad del hombre natural para creer: “…y esto no de vosotros, pues es don de Dios”.

Antes de proseguir, trataremos brevemente una dificultad gramatical que los teólogos ven en este pasaje. El asunto consiste en definir si la palabra “esto” se refiere a la “fe” o al proceso completo de la salvación. La dificultad, según algunos teólogos, reside en que mientras la palabra “esto” en griego es neutra, la palabra “fe” es femenina. Comentando al respecto, Vincent Cheung dice que ‘esta discusión es importante por lo menos porque algunos Arminianos toman ventaja de este desacuerdo para afirmar que la fe no es algo que nos es dado por Dios de manera soberana, sino que es algo que decidimos tener por nuestra propia libre voluntad’. Pues bien, Vincent ofrece al menos cuatro razones de porqué este pasaje no ayuda a los Arminianos, así como también porqué la palabra “esto” se refiere a la “fe”. De las cuatro razones, la tercera me parece interesante:

Tercero, aparte de un argumento gramatical, hay razón para creer que “esto” se refiere a la “fe” en el vs. 8. Nuevamente, el vs. dice, “Porque por Gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios” (NVI). Debido a que la “Gracia” divina en la salvación es por definición algo que Dios da y ejerce, y no es para nada algo producido o ejercido por nosotros, parecería redundante e innecesario decir que la “Gracia… no procede de ustedes”.

Por otra parte, debido a que la fe es algo que sucede en nuestras mentes en vez de en la mente de Dios, es mucho más fácil errar en cuanto a ésta como si fuese producto de nuestra propia voluntad y poder, pensando que tenemos fe porque decidimos creer por nuestra propia ‘libre voluntad’. Debido a que el hombre pecador tiende a pensar que la fe es un producto de su propia voluntad, pero puesto que, de hecho, la fe es un don de Dios, tiene sentido para el Apóstol clarificar esto aquí, para que no pensemos erróneamente que la Gracia viene de Dios (que, nuevamente, es verdad por definición), pero que la fe proviene de nosotros. (Vincent Cheung, Commentary on Ephesians, pag. 71-73, aquí, énfasis míos)

Quisiera agregar personalmente que aun si la palabra “esto” se refiriese a todo el proceso de salvación en Efesios 2:8 y no a la “fe” de manera específica (cosa que niego absolutamente), seguiría siendo irrelevante, puesto que hay otros pasajes que de manera explícita o implícita nos dejan claro que incluso la “fe” es un “don de Dios” dado a Sus elegidos solamente “por Gracia”. Estos pasajes serán analizados más adelante.

En las mismas páginas citadas podrán leer las otras razones que Vincent ofrece con respecto a la posición de que la palabra “esto” se refiere a la “fe”. Debido a que es esta la posición que sostengo firmemente, en lo que sigue procederé bajo esta asunción.

El Apóstol nos dice “…y esto no de vosotros…” con referencia a la fe salvadora. Si bien el Apóstol hace explicito en lo que sigue el porqué la fe no es causada en última instancia por nosotros mismos, podemos también establecer otros motivos Bíblicos del porque la fe salvadora no puede ser producida por nosotros mismos. Al principio de este mismo capítulo de Efesios, Pablo nos dice: “estabais muertos en…delitos y pecados…siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira…” (Efesios 2:1-3). En estos vs. se deja bastante claro el estado deplorable y miserable en que se encuentra el incrédulo.

Con la frase “muertos…en delitos y pecados”, Pablo nos informa del estado espiritual del incrédulo (“muertos”), por el cual es totalmente insensible a cualquier influencia espiritual positiva y natural que le mueva a buscar a Dios de manera correcta. Este estado espiritual miserable se mueve en la esfera de y se expresa en “delitos y pecados”, es decir, el fruto de este estado es todo tipo de transgresiones a la Ley de Dios, lo que en consecuencia transforma al hombre “muerto en…delitos y pecados” en un “hijo de ira” “por naturaleza”.

No solo eso, sino que en este estado, el hombre natural es esclavo del mundo (“…siguiendo la corriente de este mundo…”), del diablo (“…conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia…”) y de la carne (“…entre los cuales también…vivimos…en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos…”); es decir, el hombre natural se mueve y piensa totalmente influenciado y controlado por estos males abominables, y hace con agrado lo que ellos dictan que haga. Entonces, debido a esto, es imposible que el hombre natural en este estado pueda tener fe salvadora en Dios y, de hecho, no solo no puede, sino que no quiere, como está escrito en los siguientes vs.:

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.

Juan 3:19-20

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden.

Romanos 8:7

Entonces, el hombre natural no es una pobre víctima involuntaria del pecado, sino que es un enemigo declarado de Dios, cuya naturaleza depravada por el pecado busca de cualquier forma suprimir a Dios de sus pensamientos y hacer aquello que satisfaga sus deseos y propósitos impíos, además de establecer sus propias reglas, fundamentos y verdades sin tomar en cuenta la voluntad revelada de Dios. En esto no nos debemos dejar engañar (Juan 7:24): incluso la incrédula ama de casa que se preocupa diligentemente de su hogar, de su esposo y de sus hijos, que sonríe amablemente a los extraños y extiende su mano para ayudar al necesitado, debido a su incredulidad, está muerta en delitos y pecados, y todas sus obras aparentemente buenas son pecado a los ojos de Dios, pues ya desde la raíz están podridas, como está escrito: “…(el) pensamiento de (los) impíos (es) pecado.” (Proverbios 21:4).

Como vimos en la entrada anterior, es necesario el entendimiento y el asentimiento de la Palabra revelada de Dios para que recién podamos decir que existe fe salvadora. Sin embargo, en el hombre natural lo primero es totalmente imperfecto y, en su defecto, totalmente distorsionado, lo que torna imposible lo segundo, como está escrito:

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Juan 3:3

El Señor nos dice que el hombre natural, aquel que “no (ha nacido) de nuevo”, es decir, que no ha sido Regenerado por Dios (Juan 1:13), “no puede ver el reino de Dios”. La palabra “ver” aquí es usada en sentido intelectual, es decir, se refiere al entendimiento, a la mente. Aquel que “no (ha nacido) de nuevo” no puede entender las cosas referentes al “reino de Dios”, y si no las puede entender mucho menos podrá asentirlas, es decir, tener fe en ellas. Debido a esto, como no puede tener fe en ellas, “no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). Pablo nos dice referente a esto lo siguiente:

Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

1 Corintios 2:14

Para el hombre natural, el percibir y entender las cosas de Dios son imposibles, puesto que “para él son locura”. Quizás llegue a entender algo del Evangelio, pero como no se ajusta a su visión de las cosas y a sus propias convicciones injustificadas, además de que expone claramente su rebelión, no lo apreciará como tal, sino que distorsionará de tal manera el mensaje que le será imposible tener fe en él. Dirá que es un mito, que es injusto, que es innecesario, que no es pecador sino una buena persona, que puede ganarse su pedacito de cielo con las cosas buenas que hace, que es mentira, que es palabra de hombres, y quizás (en el peor de los casos) hasta diga que es diabólico, entre otras excusas impías para no creer en el Evangelio del Salvador, pero es de esperarse que sea así debido al estado de muerte y esclavitud totales en que se encuentra.

No solo el pecador es responsable de esto, sino que Satanás y sus huestes también hacen su parte, como está escrito:

Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

2 Corintios 4:4-5

De manera que el pecador rehúsa asentir al mensaje del Evangelio, y Satanás le ayuda “(cegándole) el entendimiento” para que no conozca y crea en el Evangelio, pues “cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón” (Mateo 13:19).

En fin, es debido a esto que nuestro Señor y Salvador les dijo a los que de manera superficial le seguían lo siguiente:

¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.

Juan 8:43

Las palabras de Jesús estaban veladas al entendimiento de aquellos que le escuchaban (2 Corintios 3:14-15). Jesús es de arriba, y su lenguaje y palabras son las palabras de arriba, celestiales, de Dios (Juan 3:34). Puesto que el hombre natural es de abajo, solamente piensa y habla aquello que es de abajo, terrenal, animal, diabólico (Santiago 3:15), pues su entendimiento no solo tiene un velo a las cosas de Dios, sino que está totalmente corrompido. Debido a esto, el hombre natural no puede entender aquel mensaje que viene de arriba, de Dios, por medio de Jesucristo (Juan 3:12,31-32).

A la luz de esto, se hace claro el porqué la labor más importante de la Iglesia es la predicación y enseñanza de la Palabra de Dios. Hemos de sembrar la Palabra (Marcos 4:14) en las mentes de aquellos que nos oyen, y debemos hacerlo de manera perseverante, clara y firme (2 Timoteo 4:1-2), cuidando de trazar bien la Palabra de Dios (2 Timoteo 2:15), pues solo es mediante la Palabra implantada en nuestros corazones que somos salvos (Santiago 1:21). El ministerio de la Palabra de Dios es el ministerio más importante de la Iglesia.

En resumen, el hombre natural, incrédulo, no puede producir fe salvadora por sí mismo. Su estado de muerte espiritual y esclavitud al pecado, al mundo y a Satanás le alejan de manera inexorablemente de las cosas de Dios, y debido a esto no puede entender, y mucho menos asentir, al mensaje del Evangelio; es decir, no puede tener fe salvadora.

Continuará…

Un comentario el “Todo por Nada: La Gracia Soberana de Dios en la Salvación. Interpretación y Exposición de Efesios 2:8-10 (Parte Nº5a).

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