1.- Definir el Tema

Ya sea que uno lea un libro, vea televisión, o se involucre en un debate con otra persona, la primera cosa que debiera hacer es definir el tema en discusión. Esto es responder la pregunta ¿De qué estamos hablando? Pudiera parecer obvio que dos personas no pueden tener una conversación con sentido a menos que ambos estén concientes del tema que se está discutiendo; sin embargo, muchos falsos acuerdos y desacuerdos han resultado por definir ambiguamente los temas en discusión.

Muchas veces, los participantes de un debate pueden estar de acuerdo o en desacuerdo en muchos asuntos esenciales, pero si el tema no ha sido definido claramente, los acuerdos y desacuerdos pudieran parecer mayores de lo que realmente son. Mucho tiempo puede haber sido gastado en la discusión, y si es fructífero, solamente llevará a una clarificación del tema en que se está envuelto, y a las posiciones básicas de las dos partes. Esto debería haber sido hecho al principio, así más tiempo y esfuerzo puede ser usado en tratar los puntos que realmente están en disputa.

Algunas veces los desacuerdos desaparecen una vez que el tema ha sido explícitamente definido por las dos partes del argumento. Por supuesto, muchos desacuerdos podrían mantenerse incluso después de que el tema ha sido aclarado, pero estos son los puntos que el debate tiene por fin resolver. Por otra parte, algunos que parecían estar de acuerdo en un principio descubren que están fuertemente en desacuerdo después de que el tema ha sido definido claramente. Por ejemplo, algunas personas claman que todas las religiones, o por lo menos dos de las religiones que están siendo comparadas en un momento dado, son esencialmente lo mismo. Pero mientras más claramente definidos sean el tema y los contenidos del asunto, mucho más evidentes serán los desacuerdos entre todas las religiones.

Al momento de evaluar un argumento, uno debiera primero establecer el tema que el argumento está tratando. Si uno toma el argumento como refiriéndose a algo que no es su intención tratar, entonces uno podría encontrarse a sí mismo en desacuerdo con el argumento, cuando podría estar de acuerdo con éste si lo considerara tratando el tema que se supone intenta tratar. A veces, lo contrario puede ocurrir, de manera que uno puede encontrarse a sí mismo de acuerdo con un argumento, pero inmediatamente se pone en desacuerdo con éste una vez que lo ha entendido. Incluso si un argumento está errado, uno no podría exponer su debilidad si ha malentendido su propósito.

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