Vincent Cheung – Comentarios Iniciales y Usos Aceptables de las Fórmulas

Después de la anterior advertencia y explicación*, podría parecer irónico que ahora yo vaya a presentar una fórmula de uso limitado en apologética. Sin embargo, es precisamente porque voy a presentar esta fórmula que los comentarios precedentes son necesarios, debido a que mucha gente ya es demasiado propensa a ser mecánica en conversaciones y debates acerca de la fe.

Aunque las fórmulas no deberían ser nunca necesarias, hay por lo menos dos usos aceptables para ellas.

Primero, las fórmulas pueden ayudar al apologista principiante o al menos consumado. La fórmula que estoy a punto de darles debería ayudarles a comenzar y sostener un análisis lógico de sus oponentes en debate. Ésta les dará algo confiable a qué recurrir, y, por lo tanto, les aumentará la confianza. Pero tengan en mente que en el largo plazo, la dependencia en cualquier fórmula dificultará el desarrollo de la persona, por lo tanto es mejor quitarnos la costumbre de su uso.

Segundo, el uso deliberado de una fórmula en debate puede servirnos para humillar a nuestro oponente. Esto es, una manera de exponer la necedad de una filosofía No Cristiana y la facilidad con la que un Cristiano puede refutarla es derrotarla a través del repetido y obvio uso de una simple fórmula. Esto demuestra que sus creencias no pueden resistir cualquier análisis racional, y que no pueden responder incluso las preguntas más básicas, cosas que incluso un niño pequeño puede preguntar. Ésta práctica facilita al observador a percibir la inferioridad de la posición del no creyente.

Luego, otra razón por la que quiero presentar una fórmula aquí es mostrarles como es que debería verse una buena fórmula. Dado que con frecuencia ya es un error usar fórmulas en un debate, el problema se agrava más cuando estas fórmulas son largas, complicadas e inflexibles. Hay argumentos que requieren un conjunto de circunstancias perfectas – un oponente atento que no interrumpe, un punto de comienzo apropiado para la conversación, y un proceso paso a paso desde un punto a otro en el orden prescrito. Si el argumento tiene algún avance de todas formas, este es neutralizado cuando el oponente objeta a una premisa a la mitad de la presentación, de manera que el debate se desvía a otros lados.

En contraste, la fórmula que les voy a introducir más abajo es simple, flexible y robusta. De hecho, ésta puede funcionar en medio del caos total. Además, excepto por la fórmula misma, no hay información que memorizar. Dicho esto, la fórmula tiene limitaciones mayores, pero las discutiremos más adelante.

* Aquello que Cheung menciona en este punto puede ser encontrado AQUÍ.

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