Breve Reflexión Teológica Sobre los Desastres Naturales

Dado lo sucedido últimamente en el país, desde un volcán en erupción en Villarrica hasta aluviones destructivos en el norte de Chile, considero necesario afirmar ciertas cosas, ciertas verdades, sobre la relación de Dios y el hombre en medio de estos desastres que, sin embargo, aunque destructivos no son novedosos en mi país. Cada cierto tiempo en Chile nos vemos enfrentados a la naturaleza, sea en forma de terremotos, incendios, aluviones, etc., y es bueno para todos saber cómo Dios se relaciona con todo esto.

1.- Dios es Quién, en última instancia, causa y envía estos desastres: Aprendemos del Génesis que Dios, por causa de la maldad del hombre, causó un gran diluvio, el Diluvio Universal, que, con excepción de Noé y su familia que halló Gracia ante Dios, arrasó a nivel global con todos los hombres sobre la tierra y gran cantidad de animales, plantas y demáses, sin mencionar las convulsiones y modificaciones que sucedieron en el clima y el terreno. Otras veces Dios utiliza medios, como lo fue la agencia del diablo en los desastres que ocurrieron en la vida de Job. Sin embargo, es Dios finalmente Quién determina y causa todas estas cosas (Isaías 45:7).

Lo anterior es evidente para los que conocen lo que la Biblia dice sobre los decretos y la Omnipotencia de Dios. Siendo Dios un Ser racional y sabio, no creó todas las cosas sin un propósito previo que determina hacia donde la Creación debe dirigirse y, así mismo, siendo Omnipotente, Él impulsa poderosamente a la Creación dirigiéndola en armonía con este propósito (Proverbios 16:4; Efesios 1:11). Esto no solo involucra lo macro, sino lo micro, y es totalmente extensivo, pues abarca absolutamente todas las cosas. Entre estas cosas, se encuentran los desastres naturales. Dios ha determinado el número y la intensidad de estos desastres, así como también ha determinado quién vivirá y quién no, cuanto se perderá, etc.

Todo esto ha sido decretado y causado por Dios.

2.- Dios siempre tiene propósitos detrás de los desastres que envía: No podemos sondear en detalle los múltiples propósitos de Dios detrás de todas las cosas que ha determinado, pero podemos hablar en términos generales según la Escritura nos enseña. Sabemos que dentro de los mismos hay implicados, por ejemplo, diferentes juicios, tanto globales (tratando con pecados predominantes de una comunidad social en particular) como particulares (tratando con pecados de los individuos). Así también, Dios envía estos desastres para llevar al arrepentimiento y a la fe a unos y endurecer en incredulidad a otros (2 Corintios 2:16-17; Salmo 107:23-30; Apocalipsis 16:8-9). Otras veces los envía para probar la fe de Sus hijos, como en el caso de Job, o quitar la vida de forma disciplinaria a Sus hijos desobedientes (1 Corintios 11:30-32). Y también, de esa manera, Dios se lleva las vidas de aquellos que han pasado los días que les fueron determinados (Job 14:5). En fin, Dios nunca envía desastres naturales sin un propósito detrás, cuyo fin último es Su propia gloria (Romanos 11:36). Muchas cosas se me quedan fuera, pero estas son suficientes para establecer mi punto.

3.- Así como la prosperidad no es señal necesaria de bendición, la miseria tampoco es señal necesaria de maldición: No hay que cometer este error. Hay muchas personas que viven vidas llenas de opulencia, abundancia y sin las preocupaciones que achacan a la gran mayoría de los mortales, los cuales, sin embargo, están bajo la maldición de Dios (Salmo 73). De la misma manera, muchos son asolados por multitudes de miserias, pobreza, pérdida, enfermedades, etc. y, sin embargo, al tener a Dios lo tienen todo (Habacuc 3:17-18). La bendición o la maldición de Dios no están determinadas en última instancia por cosas superficiales como los bienes que poseemos. Lo que los hombres valoran no es lo que Dios valora generalmente (1 Samuel 16:7).

De la misma forma, no cometer el error contrario. El ser asolado por miserias no implica que Dios te tenga en Gracia, y el ser llenado de riquezas no te hace ser objeto de maldición. El factor determinante será mencionado en el próximo punto.

4.- A la luz de todo esto, ¿qué es lo que realmente importa?: Todas estas cosas, los desastres naturales, son necesarias, dado el estado caído del hombre, y por voluntad de Dios. No podemos evitar que los desastres y las pérdidas sucedan. Sin embargo, lo que importa es lo siguiente: que en medio de todo, glorifiquemos a Dios reconociendo la justicia de Sus obras, que Él es el soberano sobre todas las cosas, que tiene derecho a hacer como desee porque todo le pertenece, y que cualquier juicio sobre nosotros lo merecemos. Que en medio de estos asuntos miremos nuestro andar y enderecemos nuestros pasos en el camino de justicia. Pero nada de lo anterior tiene valor alguno si primeramente no ponemos nuestra fe en Jesucristo, en Aquel que sufrió la peor catástrofe que puede sufrir hombre alguno (soportar el total peso de la íra de Dios en cuerpo y alma) para salvar del castigo del pecado a los que por medio de la fe en Él se acercan a Dios. ¿Para qué mantener nuestras ropas sucias de injusticia si por la fe en Cristo somos vestidos por Su radiante túnica de justicia? Porque, en términos finales, el peor desastre que le puede ocurrir a todo hombre es ignorar que está desnudo delante de Dios, aunque viva rodeado de tranquilidad y no sufra desastre natural alguno durante su vida. El desastre que le vendrá al final de su camino será mucho peor que cualquier desastre natural que Dios haya enviado sobre la tierra, y lo peor de todo esto es que no podrá arrancar del mismo.

Así que, sea que estés viviendo un desastre o estés tranquilamente en tu casa, no olvides lo más importante: cree en Cristo, el Hijo de Dios, de la misma esencia que el Padre y de la misma esencia nuestra, que ofreció Su vida humana vestida de la dignidad de la divina como sacrificio santo por el pecado, para que en Él el pecado de Su pueblo sea castigado y, de esta manera, ellos no sean castigados por el pecado. Y resucitó al tercer día, demostrando así que por causa de Su justicia perfecta la muerte no podía retenerlo. Esa misma justicia nos es ofrecida en el Evangelio, para que por ella sean vestidos los que creen en Él.

Cree en Cristo y serás salvo. Los desastres pueden quitarte todos tus bienes materiales, pero no pueden quitarte la justicia de Cristo con la cuál serás vestido si crees en Él. No esperes que el desastre toque tu puerta, porque puede ser demasiado tarde, pero tampoco te quedes tranquilo si nada te ha pasado (Lucas 12:15-21). ¡Hazlo ahora! Cree en Cristo y ruega a Dios el perdón de tus pecados. Y descansa.

Y si ya crees en Cristo, siéntete bienaventurado y alaba a Dios en medio de las calamidades que puedan acontecerte, porque teniéndole a Él lo tienes todo (Job 1:20-22). No será fácil, pero si ya no tienes nada ¿que más te queda? Aférrate a Cristo con fuerza, porque Él es tu tesoro y tu herencia.

Que Dios les bendiga…

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